lunes, agosto 19, 2019
27 °c
Tuxtla Gutierrez

Piedra de Toque

“ataques de risa”, libro de cuentos de David Betancourt (Segunda parte y última)

Ricardo Cuéllar Valencia

Los ruidos de abajo son los más perturbadores, siempre supuestos. Aparece la abuela como una realidad del presente soterrado, oculto y del pasado real, vivo. Y Salomé, el personaje del libro citado, “espera también. Quieta en el libro”. Risa habla con ella: “Le digo, así los personajes de los libros no escuchen, o por lo menos eso es lo que dicen los que saben de literatura, le digo a Salomé que ya seguimos, que esperemos un minuto, que tranquila, que fresca, que no acose, que los ruidos, creo, son de la perra…” De pronto en la narración aludida aparece un hombre que acaricia a Salomé, la pura meta-ficción indispensable: “Era alguien parecido a un hombre que alguna vez había visto en una lámina anónima que se encontró recortada entre las páginas de una novela de Hernán Hoyos”, novelista colombiano, paisa. Y el juego literario, perverso, se recrea al leer que “El hombre que ingresa al juego, que imagina Salomé, a mí también me toca, le gustan mis partes. A mí esa suya que imagino. Me gusta más Salomé”. Risa goza con la presencia del desconocido. Pero algo sucede en la subjetividad de Risa que la lleva a meditar, a asumir la diferenciación del acto que realiza en su propio cuerpo y el del otro, el imaginario. Se dice a sí misma: “Mientras leo pienso que mi masturbación no es poética como la de Salomé. En la mía hay aparatos, prendas, cremas, espejito, mil ayudas, mientras que ella solo necesita imaginar…en la mía esta ella y el hombre que imagina. La de ella es imaginaria, excesivamente descriptiva, lenta, ingenua. Ella es prejuiciosa, religiosa, conservadora, ella apenas se descubre. Yo me he tocado hasta el alma y más allá…ella está tranquila en la paz de la nada y yo existo, no soy invención, no soy letras. Ella está tranquila en el capítulo 24 de un libro gordo que escribió Juan José Hoyos y yo tranquila en mi pieza, sin saber si hay alguien en la casa, con la sensación maluca (incómoda) y angustiante de ser descubierta. Ni en mi pieza tengo intimidad. La diferencia es que ella me excita así no exista y yo para ella no existo así exista. ¡Si, definitivamente no me ha servido el sicólogo”! Una inevitable evidencia es la autoconciencia de Risa, personaje encantador, rebelde, insumiso. La sensación maluca y angustiante de ser descubierta es la clave del cuento.

Es incuestionable que estamos frente a una ficción que crea su propia realidad dentro de la ficción, técnica propuesta por Miguel de Cervantes en el Quijote, herencia bien tratada por nuestro escritor, David Betancourt, en tanto la actualiza, a su manera, inteligente, moderna. En el realismo cabe la doble ficción y más. El diálogo entre los personajes, de las dos ficciones (la narrada y la leída) es posible gracias a las audacias de nuestro narrador que sabe trocar las realidades, en tiempos y espacios reales y virtuales, con la soltura propia del realismo y al mismo tiempo crea una verosimilitud plena de realidad ficcional. Para no evitar el placer del lector de descubrir el final de cuento prescindo comentarlo; digo: se apoya en una tradicional forma de cerrar un cuento. No digo más.

La puesta en acción de la técnica narrativa de la intertextualidad, real e imaginaria, los diálogos de los personajes de las dos ficciones, la presencia y el paso de una a otra es realizado de manera clara y precisa, con virtuosismo realista, donde la fantasía ineludible cobre su propio lugar en la realidad ficcional.

La trama trata varios asuntos: el deseo de una solitaria que busca el placer con su propio cuerpo e imagina otros, con ayuda de instrumentos y distintos artificios; además de la lectura, tal trama la sostiene la trasgresión, siempre puesta a la luz de los ojos del lector, la represión representada por la madre y la abuela que son imágenes presentes-ocultas en el inconsciente de Risa. En el fondo se trata de una lucha entre el deseo realizándose y la represión no oculta del poder. El placer transgresor (incluido en deseo del otro y la otra) se cumple pese a las ataduras y límites que impone la regla y la norma vigentes en la sociedad actual. Logra el autor de “Ataques de Risa” realizar una intencionalidad sincera y efectiva: poner en cuestión la represión del goce del propio cuerpo en sus múltiples formas posibles. El deseo y el goce siempre inhibidos, es la cuestión.

Además, de paso, encontramos crítica literaria, al poner en cuestión el libro que lee Risa, en particular al calificar a Salomé de “excesivamente descriptiva, lenta, ingenua. Ella es prejuiciosa, religiosa, conservadora”. Allí está tomando distancia de la otra narración que cita y al mismo tiempo exalta implícitamente su propia narración que se caracteriza en efecto por la economía del lenguaje, el humor, la precisión impúdica de las frases y la crítica a la sicología y a la filosofía que encierran los prejuicios presentes en la narración y expuestos con un grácil y fecundo humor. Se ha dicho que es muy rara la escritura erótica en la literatura colombiana. En los maestros García Márquez y Álvaro Mutis son verdaderamente escasas, pero existe. “Cuentos para leer después de hacer el amor” de Marco Tulio Aguilera Garramuño, son excelentes. Lo cierto es que David Betancourt logra momentos decisivos en esta búsqueda reveladora, audaz. En otro momento nos detendremos en el resto de los cuentos de “Ataques de Risa”.

Related Posts