Manuel Velázquez
” … y en estos momentos aún no sabemos si la vida cultural
puede sobrevivir a la desaparición de la servidumbre”.
A. BESAN~ON, Etre russe au XIXéme siécie
En medio de la contienda política y la actual disputa por los resultados de la elección presidencial, se han dado un sinnúmero de opiniones que han “desnudado” a los diversos actores políticos, pero también a periodistas, intelectuales, académicos, artistas y escritores, abiertamente racistas, sexistas, elitistas y clasistas. La lucha por el poder, los privilegios y los “apapachos”, han desatado las expresiones más denigrantes y discriminatorias contra grupos poblacionales históricamente vulnerados, dejando en evidencia, la existencia de un soterrado racismo que no hemos logrado eliminar de las diversas estructuras sociales y de pensamiento, que se alimenta de la explotación, la indiferencia, el silencio y la distancia social por parte de ungrupo de la sociedad mexicana. El uso de estereotipos racistas y clasistas, ampliamente difundidos para cuestionar los resultados de la campaña electoral, por parte de periodistas, académicos e intelectuales forman parte de determinados marcos de referencia que funcionan como esquemas para cuestionar y descalificar a quienes votaron por una opción diferente.
Los económicamente pobres, desposeídos, son ignorantes incapaces de distinguir su futuro, más allá de lo que les da el Gobierno, “la torta” y los programas sociales, es unainterpretación de la realidad social, que solo se sostiene a partir de la creencia que existe “un otro culto”, inteligente y con recursos suficientes para no ser comprado. El pedante que comprende y sabe decidir frente al desposeído que no termina de comprender. Dichos razonamientos constituyen esquemas de percepción e interpretación de la realidad que permiten a las personas afirmar “No vuelvo a donar ni una lata en un desastre, no pienso darle ningún peso a nadie de la calle, que cada uno se rasque con sus uñas, no pienso ser parte de esta ola de ignorancia sostenida y avalada”, “Pago mucho de impuestos y aparte todo lo que ayudo, que en el año es una suma significativa. Se acabó. Que le exijan y le pidan al Gobierno que eligieron”.
Las estadísticas mostradas en diversos medios dejan en claro que entre los votantes de Claudia Sheinbaum (33 millones 226 mil 602 mexicanos aproximadamente) se encuentran personas de todas las edades, niveles socioeconómicos, grado de estudios y profesiones, y no solo grupos de pocos ingresos en busca de asistencialismo. ¿Entonces? De dónde viene esa creencia que fueron “los pobres e ignorantes a quienes les quitamos las cadenas y se las volvieron a poner”,los que votaron por la opción ganadora, no viene más que del racismo y del clasismo. De los que se creen diferentes y cultos por su posición económica.
Para cambiar nuestra realidad no hay que olvidar que las palabras pueden ser navajas de obsidiana o puentes para unirnos. Pueden ser refugio, acariciar y dar consuelo o lastimar y agredir. Al momento de escribir reflejamos sentimientos, valores e ideologías. Las palabras dan distancia intelectual o cercanía emocional, son portavoz de una causa, admiten complicidad, garantizan una tesis o verdad, son un cuerpo que se manifiesta. El lenguaje, además de nombrar la realidad, la interpreta y la crea mediante conceptos y palabras.
Eduardo Galeano señala “Culto no es aquel que lee libros, visita exposiciones, va a conciertos de música clásica y tiene mucha información. Culto es aquel que es capaz de escuchar al otro. La IA tiene más información que cualquier ser humano y no es culta. La cultura es un gesto humano que nos permite entender al otro. No es un gesto de superioridad, es un gesto de igualdad, de solidaridad, de comunión, de comunidad”.




















































