casa del agua
Roberto Chanona
A la memoria del
Ing. Noé Camacho Camacho
y don Antonio Pariente Algarín
Hace unos años tuve la fortuna de estar en la biblioteca de don Toño Pariente; fue precisamente antes de que fuera demolida su casa por un consorcio de Bodegas Gigante en el lado oriente. Quizá unos meses antes de su lamentable fallecimiento.
Al tiempo que platicábamos, don Toño empacaba cuidadosamente sus bellos volúmenes empastados en cuero, percalina y otros materiales de alta calidad; había ejemplares de poesía, novela, enciclopedias, libros de Arte, Erotismo y un sin fin de fotografías con personajes de la política chiapaneca y nacional, que gozaron de ser sus amigos. Por eso, siempre he estado convencido que don Toño fue un hombre con un gran corazón y un político de altos vuelos, gracias al acervo cultural con el que contaba este caballero de la amistad.
Sentados frente a un gran ventanal en la biblioteca, don Toño me mostraba fotografías al tiempo que me iba contando anécdotas, por ejemplo, la de su viaje a España con el poeta Jaime Sabines. Ahí estábamos, cuando se me ocurrió preguntar si la anécdota famosa de Nahá había sucedido con don Juan, o con el Dr. Samuel León, como me la había platicado tiempo atrás otra persona. Entonces me dijo:
Veníamos de Palenque en helicóptero con el gobernador, don Juan Sabines Gutiérrez, el poeta Jaime Sabines, el oficial mayor Ing. Noé Camacho Camacho y el capitán que en estos momentos, olvido su nombre. Ese día, por algún designio, el gobernador no había tomado ni un trago en la acogida que nos dieron en la ciudad maya, cuando el capitán nos informó que teníamos una escala en Nahá.
Bajamos del helicóptero y una multitud se vino en estampida a nuestro encuentro. Pronto apareció el jefe de los Lacandones que, con paso firme, se dirigió hasta nosotros y de pronto le dejó ir estas palabras a don Juan:
– ¡Yo soy más hombre que vos!
Pero don Juan que tenía un carácter especial, esa vez, muy calmado, le preguntó:
–¿Por qué lo decís?
A lo que el jefe lacandón mirándolo a los ojos volvió a remeter:
–¿Cuántas mujeres tenés?
Y don Juan que gozaba de una reputación de Santo Varón por tener varias mujeres, le respondió:
– ¡Ocho! – Afirmó seriamente – ¿y vos… cuántas…?
– Seis – respondió el jefe lacandón.
Entonces don Juan nos volteó a ver como diciendo ¡Ya me lo chingué!
Al tiempo que el jefe lacandón sentenció:
–¡¿En la misma casa?!…




















































