El gobierno de Chiapas ha apostado por brindar atención humanitaria, con servicios de salud, alimentación y refugio
ARGENIS ESQUIPULAS/PORTAVOZ
En un contexto de creciente presión migratoria y políticas internacionales en evolución, el gobernador de Chiapas, Eduardo Ramírez Aguilar, dejó en claro que no existe, hasta el momento, ninguna instrucción por parte del Gobierno de México para cerrar o reforzar la frontera sur con Guatemala.
Durante su participación en Tabasco en la firma del acuerdo de Construcción de Paz y Seguridad, Ramírez Aguilar enfatizó que, pese a la continua llegada de migrantes provenientes de Centroamérica, la administración federal encabezada por la presidenta Claudia Sheinbaum no ha solicitado medidas extraordinarias para contener el flujo migratorio.
“No tenemos, por lo menos la presidenta Claudia Sheinbaum nunca nos ha pedido que vayamos a blindar esa frontera con policía y otro tipo de acciones”, afirmó el mandatario chiapaneco.
El gobernador también señaló que la migración irregular en la frontera sur ha disminuido, atribuyendo este fenómeno al discurso del expresidente de Estados Unidos, Donald Trump.
“Afortunadamente, ha disminuido la migración, derivado del discurso del presidente (de Estados Unidos) Donald Trump”, explicó Ramírez Aguilar, haciendo referencia a las políticas migratorias restrictivas que han influido en las decisiones de quienes intentan cruzar México rumbo a la frontera norte”, comentó.
El mandatario estadounidense, conocido por su retórica antiinmigrante y su insistencia en reforzar las fronteras, ha generado un efecto disuasorio en los migrantes. Sin embargo, expertos advierten que esta aparente disminución podría responder más a un cambio en las rutas migratorias y a las nuevas estrategias de cruce que emplean los migrantes para evitar los controles fronterizos, más que a una verdadera reducción en la cantidad de personas que buscan llegar a Estados Unidos.
MIGRANTES EN CHIAPAS: ENTRE LA AYUDA HUMANITARIA Y LA FUERZA LABORAL
Lejos de adoptar una postura de contención absoluta, el Gobierno de Chiapas ha optado por un enfoque mixto que combina asistencia humanitaria con la integración laboral de migrantes en sectores estratégicos.
“En el caso de los migrantes en Chiapas, nosotros les damos atención humanitaria, les damos atención médica, les damos la posibilidad de alimentación. Algunos lo toman, otros más siguen su camino y en algunos casos se emplean, porque es mano de obra muy buena, particularmente para la construcción, la carpintería, la herrería, explicó Ramírez Aguilar.
El empleo de migrantes en actividades económicas como la construcción y la herrería no solo representa una alternativa de subsistencia para quienes transitan por el estado, sino que también responde a una creciente demanda de trabajadores en estos sectores. Sin embargo, organizaciones civiles han alertado sobre los riesgos de explotación laboral y la ausencia de condiciones dignas de trabajo para los migrantes en Chiapas.
A pesar de las declaraciones del gobernador chiapaneco, la política migratoria en México ha estado en constante transformación. La relación con Estados Unidos y los acuerdos bilaterales han moldeado las estrategias implementadas en la frontera sur.
En años recientes, México ha incrementado la presencia de la Guardia Nacional en el Istmo de Tehuantepec y ha reforzado operativos del Instituto Nacional de Migración (INM) en puntos clave de la ruta migratoria. Estas medidas, aunque no constituyen un “blindaje” formal, han hecho más difícil la movilidad de los migrantes dentro del territorio nacional.
Por otro lado, organizaciones como Médicos Sin Fronteras y el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) han advertido sobre las condiciones precarias en las que se encuentran miles de migrantes varados en la frontera sur. La falta de albergues adecuados, el aumento en la violencia y la dificultad para acceder a documentos migratorios han complicado aún más la situación de quienes buscan un futuro mejor.
La declaración del gobernador Ramírez Aguilar llega en un momento clave, cuando las políticas migratorias de México son objeto de escrutinio tanto a nivel nacional como internacional. Mientras la administración de Claudia Sheinbaum define su postura sobre la migración, la realidad en la frontera sur continúa evolucionando.
Si bien no hay órdenes expresas para “blindar” la frontera, la estrategia de contención migratoria sigue en marcha, con una combinación de asistencia humanitaria, operativos de control y la participación de organismos internacionales en la atención a migrantes.
A medida que se acercan nuevas elecciones en Estados Unidos y se reconfiguran las políticas migratorias a nivel global, el papel de México —y en particular de Chiapas— en la gestión del fenómeno migratorio seguirá siendo un tema central en la agenda política y social.
Miles de migrantes de distintas nacionalidades han quedado varados en Chiapas en su intento por avanzar hacia los Estados Unidos, ya sea en busca de visas humanitarias o utilizando la aplicación CBP One, una de las herramientas establecidas por el gobierno estadounidense para gestionar solicitudes de ingreso. Sin embargo, no todos logran seguir su ruta: algunos son retornados a sus países de origen, ya sea por decisiones gubernamentales o por voluntad propia, mientras que otros buscan una alternativa dentro del estado.
El fenómeno migratorio en Chiapas ha llevado a que las autoridades estatales adopten un enfoque distinto al de otras regiones del país. En lugar de reforzar operativos policiacos para contener el flujo migratorio, el gobierno de Chiapas ha apostado por brindar atención humanitaria, con servicios de salud, alimentación y refugio para quienes deciden permanecer temporalmente.
Uno de los principales retos para los migrantes es la falta de oportunidades laborales mientras esperan la resolución de su situación migratoria. En respuesta, el Gobierno chiapaneco ha impulsado programas de empleo en sectores como la construcción, la herrería y la carpintería, permitiendo que algunos migrantes encuentren una fuente de ingresos para subsistir.
“Muchos de ellos ven en Chiapas una oportunidad de trabajar y mejorar su calidad de vida mientras definen su estatus migratorio. La mayoría tiene el sueño de llegar a Estados Unidos, pero otros han optado por quedarse y trabajar aquí”, explican autoridades locales.
POLO INDUSTRIAL: UNA APUESTA POR LA INCLUSIÓN
A diferencia de estrategias más restrictivas implementadas en otras partes del país, Chiapas está promoviendo la creación de un polo industrial destinado a atraer inversiones y generar empleo tanto para la población local como para migrantes. Un porcentaje significativo de estos nuevos proyectos contempla la contratación de personas en tránsito, ofreciéndoles una alternativa para construir una nueva vida en México.
Este modelo busca no solo responder a la crisis migratoria, sino también fortalecer la economía del estado mediante la incorporación de mano de obra calificada en diversos sectores.
Pese a estos esfuerzos, la situación migratoria en Chiapas sigue siendo compleja. La presencia de grupos delictivos, los abusos contra migrantes y la falta de infraestructura adecuada para atender a la creciente población en movilidad representan desafíos constantes.
Aunque el Gobierno chiapaneco ha optado por un enfoque más humanitario, organizaciones civiles advierten que es necesario reforzar los mecanismos de protección para evitar la explotación laboral y garantizar los derechos fundamentales de los migrantes.
La migración en Chiapas no es un fenómeno nuevo, pero su magnitud actual demanda soluciones estructurales y coordinadas entre México, Estados Unidos y los países de origen de los migrantes. Mientras tanto, miles de personas continúan llegando con la esperanza de alcanzar una vida mejor, enfrentándose a un destino incierto en la frontera sur de México.




















































