La problemática refleja la tensión entre defensores de la lucha contra el maltrato a especies domésticas y sectores tradicionales
IVÁN LÓPEZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
La directora de Defensoría Animal MOC, Franny Garibaldi, enfrenta una grave situación de amenazas tras promover una iniciativa en el Congreso del Estado de Chiapas que busca reconocer a los animales como seres sintientes. La activista, comprometida con la lucha contra el maltrato animal, reveló que los ataques no solo provienen de individuos de sectores que defienden las peleas de gallos, sino de una estructura más amplia que ve amenazados sus intereses. El rechazo hacia su propuesta ha puesto en evidencia las tensiones que persisten en torno al trato de los animales en el estado.
Garibaldi explicó que, desde enero, apoyó la iniciativa del gobernador para prohibir las peleas de gallos, situación que desencadenó el recibir amenazas. Sin embargo, fue al hacer pública su postura sobre los animales sintientes el pasado abril cuando la violencia verbal se intensificó. Los agresores, autodenominados galleros, no dudaron en utilizar las redes sociales para insultarla y, lo que es más alarmante, atacarla a través de su número personal con amenazas directas sobre su seguridad.
Lo que parecía ser una simple propuesta legislativa sobre la consideración de los animales, se convirtió en un terreno peligroso para la activista. Garibaldi enfatizó que su lucha nunca fue en contra de las personas, sino en defensa de los derechos animales. Sin embargo, los mensajes agresivos han revelado que aún persisten en Chiapas ciertas prácticas que se consideran parte de la cultura, pero que para muchos son una violación a la ética y el bienestar de los animales.
Garibaldi ha decidido no ceder ante las amenazas. La activista confía en que el sistema judicial debe tomar cartas en el asunto, no solo para garantizar su seguridad, sino para proteger la libertad de expresión de quienes impulsan propuestas de cambio social. Su denuncia se formalizará ante las autoridades locales, quienes deberán garantizar que actos intimidatorios como estos no queden impunes.
La situación de Garibaldi abrió un debate sobre la protección de los defensores de los derechos animales en un estado donde las costumbres arraigadas y las tradiciones como las peleas de gallos tienen un peso cultural importante. El temor por la violencia contra activistas es real, pero también lo es la determinación de quienes buscan transformar el panorama, pidiendo justicia y respeto para los seres que no tienen voz.











































