Un porcentaje de las mujeres de la entidad han vivido relaciones marcadas por el abuso
IVÁN LÓPEZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
Una cuarta parte de las mujeres chiapanecas que han tenido una relación de pareja, el noviazgo no fue un espacio de afecto, sino de sometimiento. El 28.1 por ciento de las víctimas ha vivido algún tipo de violencia dentro de sus relaciones, una cifra que reveló no solo la normalización del abuso, sino también la falta de herramientas emocionales y educativas para reconocerlo a tiempo.
El dato no sorprende a quienes trabajan en campo. Especialistas en salud mental y derechos humanos aseguraron que el problema empieza antes de la vida adulta, cuando los modelos de afecto ya vienen contaminados por estereotipos de control y dependencia. Las adolescentes son las más expuestas, muchas no saben que lo que viven no es amor, sino una forma de violencia cotidiana que se disfraza de celos, chantaje o aislamiento.
Aunque las cifras hablan de mujeres, también hay varones que enfrentan situaciones similares, sin nombrarlas. La violencia en el noviazgo hacia los hombres suele ser minimizada o ridiculizada, lo que dificulta su denuncia y atención. En ambos casos, el silencio es una forma de continuidad. La violencia no se detiene cuando no se nombra: se profundiza.
Este tipo de abuso no siempre deja marcas visibles, pero sí deja huellas duraderas en la salud emocional. Ansiedad, depresión, aislamiento y pérdida de autoestima son algunas de las secuelas más comunes. Por eso, los especialistas insisten en la urgencia de prevenir, y no solo castigar. Hablar de relaciones sanas, romper mitos del “amor romántico” y enseñar límites emocionales, debería ser una política pública desde las aulas.
El reto es tan social como institucional. Reconocer el problema es el primer paso, pero no basta. La Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) apenas registró una parte de la realidad: muchas víctimas aún no entienden que lo que vivieron fue violencia. El noviazgo, entendido como etapa de aprendizaje y afecto, no puede seguir siendo el terreno fértil de la sumisión. Chiapas no puede permitirse seguir callado.











































