Ana Laura Romero Basurto.
Como bien enseñaba Marco Aurelio, uno de los pilares del estoicismo, la verdadera fuerza no proviene de dominar lo que ocurre a nuestro alrededor, sino de aprender a gobernar nuestra mente frente a lo que no podemos controlar. Comprender que nuestro poder reside en cómo respondemos —y no en lo que sucede— nos libera del desgaste estéril, nos arraiga en la serenidad, cultiva la templanza y, sobre todo, nos orienta hacia la acción firme y coherente.
“Tienes poder sobre tu mente, no sobre los acontecimientos. Date cuenta de esto y encontrarás la fuerza”.
“Si estás afligido por algo externo, el dolor no se debe a la cosa en sí, sino a tu juicio sobre ella; y tú tienes el poder de eliminar ese juicio ahora”.
Como bien comprendía Marco Aurelio, la verdadera fortaleza —tanto de una persona como de una institución—no radica en controlar los factores externos, sino en ejercer dominio sobre la mente, el carácter y las decisiones propias. En palabras y actos, el gobernador del Estado, Dr. Eduardo Ramírez Aguilar, ha sostenido que el servicio público requiere disciplina, firmeza de principios y altura de miras. Su mandato es claro: un gabinete legal y ampliado que no se deje arrastrar por las inercias ni por las presiones, sino que sea ejemplo de integridad, constancia y legalidad.
Debemos asumir con claridad que no todo está bajo nuestro control, pero sí lo está nuestra voluntad de servir con honestidad, de actuar con responsabilidad y de mantenernos fieles a los valores que dan legitimidad al ejercicio público. Este es el punto de partida para construir un Gobierno confiable, y más aún, una ciudadanía con esperanza. Ese es el espíritu que impulsa la Nueva ERA en Chiapas: que el servicio público honesto y transparente sea la regla, no la excepción, como lamentablemente ocurrió en el pasado.
Decía Marco Aurelio, con la serenidad de un emperador filósofo:
“Tienes poder sobre tu mente, no sobre los acontecimientos. Reconócelo, y hallarás la fuerza”.
Esa enseñanza, escrita hace casi dos mil años, conserva una vigencia profunda. En tiempos convulsos, donde las condiciones externas escapan a nuestro control, el dominio de nuestros pensamientos, emociones y reacciones se convierte en el más alto acto de libertad y de liderazgo.
El estoicismo nos recuerda que no podemos cambiar el rumbo del viento, pero sí podemos ajustar nuestras velas. La verdadera fuerza no está en controlar el mundo, sino en gobernarse a uno mismo. Y es precisamente en ese ejercicio de autodominio donde se forja el carácter de los líderes públicos, de los servidores del pueblo, de los ciudadanos íntegros: aquellos que, incluso en medio del caos, actúan con conciencia, rectitud y convicción.
En esta nueva etapa que vivimos en Chiapas, no basta con desear un cambio: hay que encarnarlo con actos cotidianos, con decisiones éticas, con disciplina institucional. El futuro no se improvisa; se construye desde el carácter, desde la convicción y desde el compromiso inquebrantable con el bien común.
Que cada servidor público entienda que la transparencia no es una opción ni una moda, sino una responsabilidad permanente. Que cada decisión, cada omisión y cada acto, deja huella en la historia y en la vida de quienes más nos necesitan.
Porque el verdadero poder no está en imponer, sino en inspirar; no en controlar, sino en transformarse.
Como lo ha sostenido incansablemente el titular del Ejecutivo del Estado, la transformación de Chiapas requiere mentes claras, principios firmes y corazones íntegros. Solo así podremos construir el Chiapas justo, fuerte y honesto que las y los chiapanecos anhelan y merecen.
Hoy, estamos llamados a escribir una nueva historia, junto al gobernador del pueblo, con tinta de sudor, esfuerzo y valores inquebrantables. Que cada acto de servicio sea testimonio de nuestra convicción, y cada decisión pública, una promesa cumplida con honor.











































