Colectivas y autoridades demandan investigación con perspectiva de género
IVÁN LÓPEZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
El hallazgo de dos cuerpos femeninos en una fosa séptica de una casa abandonada en Comitán ha conmocionado a Chiapas. El silencio con el que suelen cubrirse estos actos brutales fue roto por la indignación de la Colectiva Feminista 50+1, que exigió justicia inmediata y denunció que este crimen refleja una violencia de género que ya no se esconde, sino que se perpetúa con impunidad. Las víctimas, aun sin identificar, fueron encontradas en avanzado estado de descomposición, hecho que agrava la deshumanización con la que fueron tratadas.
Este doble feminicidio eleva a 15 el número de casos registrados en el estado en lo que va del año, de acuerdo con datos oficiales del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública. Aunque la tasa de feminicidios en la entidad se mantiene por debajo de la media nacional, con 0.84 por cada 100 mil mujeres, las cifras ocultan una realidad más cruda en municipios como Comitán, Tapachula y San Cristóbal, donde las agresiones extremas contra mujeres se concentran sin respuesta efectiva del Estado.
La reacción de la Colectiva va más allá de la indignación, plantea una exigencia de justicia con perspectiva de género, protocolos adecuados, acompañamiento a las familias, y garantías de no repetición. No se trata solo de castigar a los culpables, sino de confrontar el sistema institucional que permite que el 89 por ciento de los feminicidios en la regiónno concluyan con una sentencia, según el informe de Impunidad Cero. Es decir, el crimen no solo se perpetra en las calles, también se perpetúa en los juzgados.
El abandono estructural también se expresa en lo económico, el estado solo recibió el 1.8 por ciento del presupuesto federal destinado a la Alerta de Violencia de Género en 2024. Pese a tener municipios identificados como prioritarios por el Diagnóstico Nacional sobre las Alertas de Violencia de Género contra las Mujeres (CONAVIM), los recursos asignados no son proporcionales a la urgencia.
La demanda es clara, una investigación exhaustiva, sin simulaciones. Pero también una política pública que prevenga, atienda y erradique la violencia de género desde las raíces culturales y económicas que la sostienen. Comitán hoy es símbolo de una herida que no cierra, pero también puede ser punto de quiebre si la sociedad y el Estado asumen con seriedad la urgencia de proteger a las mujeres en la comarca.











































