La mayoría sobrevive con el apoyo gubernamental, que resulta insuficiente para cubrir alimentos, renta y medicamentos
CARLOS RUIZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
En Chiapas, seis de cada 10 personas adultas carecen de un ahorro que les permita enfrentar imprevistos, una realidad que no solo refleja precariedad, sino también una forma de vida condicionada por la angustia económica. La falta de un colchón financiero se ha vuelto parte del día a día, lo que genera una presión constante sobre quienes ya enfrentan vulnerabilidades por su edad.
El dinero que muchos adultos mayores reciben como apoyo federal no alcanza para sostener un estilo de vida digno. Los seis mil 200 pesos bimestrales, que equivalen a poco más de 100 pesos diarios, deben estirarse entre alimentos, medicamentos y, en ocasiones, renta. Para un gran sector poblacional de la entidad, esos ingresos representan la única fuente de sustento, sin respaldo de pensiones, ahorros ni apoyo familiar.
La fragilidad financiera de estos sectores se agrava al saber que el 36.2 por ciento de los adultos en el país reportan tener alguna deuda, lo que indica que, además de no ahorrar, deben lidiar con compromisos económicos. La falta de acceso a medicamentos en instituciones públicas empuja a muchos a endeudarse para costear tratamientos, como es el caso de los chiapanecos, quienes destinan su apoyo gubernamental a pagar medicamentos como insulina que rebasa los mil pesos por dosis.
A nivel nacional, 45.9 por ciento de las personas adultas aseguraron que casi nunca les sobra dinero al mes, y el 34.6 por ciento admite no estar en condiciones de afrontar un gasto inesperado. Estos datos revelaron una constante: la economía cotidiana no tiene margen de error. En Chiapas, esa precariedad es aún más aguda, en especial en zonas rurales donde el acceso a empleos formales y servicios básicos es limitado.
De quienes sí logran ahorrar, el 57.3 por ciento guarda apenas lo equivalente a una quincena de ingresos. Solo un 10.3 por ciento tiene un fondo que cubra más de tres meses, lo cual demuestra que, más que una cultura del ahorro, lo que domina es la necesidad de sobrevivir al día. El reto no es solo económico: también es estructural, social y humano.











































