El alcalde se deslinda, pero las cifras colocan a Tuxtla entre los municipios más denunciados por corrupción en la región
IVÁN LÓPEZ/PORTAVOZ
Lo que parecía ser una simple sesión de Cabildo en Tuxtla Gutiérrez se convirtió en un episodio más de un Gobierno bajo presión. Con acusaciones cruzadas, regidores de oposición señalaron que las recientes destituciones del Oficial Mayor y la directora de Adquisiciones confirmaron lo que durante meses habían denunciado, una red de irregularidades en el manejo de compras y contrataciones dentro del ayuntamiento. Esta vez, la voz no fue la única arma; los hechos empezaron a alcanzarlos.
Aunque el alcalde de Tuxtla Gutiérrez se deslindó de cualquier complicidad y aseguró tener “una trayectoria intachable”, los regidores Arely Latournerie y Francisco Rojas, recordaron que como responsable directo de sus subordinados, la omisión también lo compromete. En Chiapas, la Fiscalía Anticorrupción recibió más de 130 denuncias contra gobiernos municipales solo en 2023. Tuxtla aparece entre los municipios con más señalamientos abiertos, aunque casi ninguno ha prosperado de manera legal.
El conflicto no solo refleja una crisis de gobernabilidad interna, sino una descomposición más profunda, la ciudadanía percibe al Gobierno municipal como el más corrupto. Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), el 68.9 por ciento de los mexicanos cree que la corrupción se concentra a nivel local, y solo el 26.6 por ciento de los chiapanecos confía en su Ayuntamiento.
Mientras el alcalde insiste en cuidar las formas, los regidores sostienen que lo que se ha roto es el fondo. A las denuncias por corrupción se suman reclamos ciudadanos por servicios básicos colapsados, basura sin recoger, alumbrado fallido, inseguridad creciente y fugas de agua sin atender. Tuxtla Gutiérrez, según ONU-Hábitat, arrastra un rezago de hasta 20 puntos porcentuales en la eficiencia de sus servicios respecto al promedio nacional.
En medio del deterioro, los opositores no temen por exigir transparencia. El clima político en Tuxtla ha dejado de ser un espacio de debate institucional para convertirse en un terreno de confrontación directa. Las renuncias no resuelven el problema. Solo lo hacen visible. Y lo que la ciudadanía exige ya no son discursos ni excusas, son cuentas claras y responsabilidad.




















































