Son extorsionados y asesinados en su tránsito por México. Aseguraron que los han convertido en mercancía
CARLOS RUIZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
La crítica del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) a las políticas migratorias en México no escatimó en calificativos: ilegal, brutal, arbitraria y violenta. En un posicionamiento reciente, el movimiento insurgente acusó al Estado mexicano de copiar el modelo de contención migratoria de Estados Unidos, sin matices ni resistencias.
En su análisis, el EZLN sostuvo que el Instituto Nacional de Migración (INM) se ha convertido en una red opaca que opera entre la criminalidad oficial y el crimen organizado. Las denuncias no son nuevas, pero su insistencia revela una sistemática violencia institucional. Cifras de la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos indican que el 60 por ciento de las personas migrantes detenidas en México ha sufrido extorsión o abuso de autoridad. Más allá de la retórica oficial, la frontera sur se ha militarizado, y con ello, se han desdibujado los límites entre vigilancia y represión.
El EZLN también mencionó que mientras el Gobierno de Estados Unidos criminaliza la migración con funcionarios de raíces migrantes, México reprime a quienes cruzan su frontera sin memoria ni empatía. En 2023, México deportó a más de 106 mil personas migrantes, según datos de la Unidad de Política Migratoria. A esto se suma que más de dos mil 300 personas fueron víctimas de desaparición durante su tránsito migrante en el país en la última década, de acuerdo con el Registro Nacional de Personas Desaparecidas.
El movimiento zapatista advirtió que este dispositivo de vigilancia también responde a una lógica de negocio, los migrantes no solo son criminalizados, sino convertidos en mercancía. Organismos internacionales han documentado que el 75 por ciento de las personas migrantes que cruzan por México sufren algún tipo de violencia, incluyendo secuestros y trata. En esta realidad, hablar de “soberanía” o “control territorial” parece una fachada para esconder prácticas sistemáticas de despojo humano.
Asimismo, el EZLN dejó en claro que la ciudadanía no puede definirse por fronteras ni apellidos. Reivindicó la pluralidad étnica, cultural y de género como parte esencial de cualquier noción de nación, y cuestionó la legitimidad de los Estados que violentan a quienes migran.











































