Denunciaron que estaciones migratorias y albergues operan como espacios donde se ejercen tratos crueles e inhumanos
IVÁN LÓPEZ/PORTAVOZ
La tortura no es un vestigio del pasado en Chiapas, sigue vigente y opera como un engranaje más en los sistemas de detención arbitraria. Organizaciones defensoras de derechos humanos, como Familias Unidas Contra la Tortura y el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas (Frayba), advirtieron que este patrón no solo persiste, sino que se ha normalizado bajo el amparo de una justicia omisa.
Existe registros de diversos casos que forman parte de una lista que crece fuera del foco mediático. Las detenciones violentas, seguidas de actos de tortura y procesos judiciales plagados de irregularidades, evidencian un sistema que fabrica culpables. El caso de Francisco Espinosa, torturado, encarcelado por años y aun sin justicia, reveló que, en la entidad, la tortura no solo busca obtener confesiones, sino imponer el miedo como herramienta de control.
Las cifras confirmaron la gravedad. La Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) documentó más de tres mil quejas por tortura y malos tratos entre 2020 y 2023. El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), por su parte, reportó que el 59 por ciento de las personas detenidas en México declaró haber sufrido algún tipo de agresión al momento del arresto. En la comarca, la Red Nacional de Organismos Civiles de Derechos Humanos reveló que siete de cada 10 denuncias por tortura no llegan a judicializarse. Y según el Centro Fray Matías, las detenciones migratorias crecieron 266 por ciento en un año, muchas realizadas en condiciones inhumanas.
Las estaciones migratorias, lejos de ser espacios de resguardo temporal, se han convertido en lugares de castigo físico y psicológico. La privación de alimento, el hacinamiento, las temperaturas extremas y las humillaciones diarias son parte del trato. Las organizaciones advirtieron que estos centros se han vuelto zonas grises donde los derechos humanos se disuelven y el acceso a justicia se vuelve una ficción.
El uso de la tortura como método de disuasión, contra migrantes, demuestra una política regional que apuesta por el sufrimiento como barrera. México, junto a otros países de la región, ha convertido la detención en una estrategia para desalentar proyectos de vida y migración. Esta lógica de control no solo destruye cuerpos, sino también vidas enteras.











































