Pese a la afluencia, la falta de interés por las artesanías tradicionales pone en riesgo la preservación cultural
YUSETT YÁÑEZ/PORTAVOZ
La zona arqueológica de Palenque, reconocida por su riqueza histórica y cultural, se ha convertido en uno de los destinos turísticos más visitados en México durante la temporada vacacional. Con un aumento de hasta el 70 por ciento en las ventas de prestadores de servicios turísticos, la afluencia de visitantes parece ser un motivo de celebración. Sin embargo, no todos comparten este optimismo. Los artesanos lacandones, quienes dependen de la venta de sus productos tradicionales, están sintiendo una marcada disminución en sus ingresos.
Yakun, un artesano de la comunidad lacandona, expresó su frustración: “Ahorita el turismo está muy bien, pero en ventas está muy bajo. Somos artesanos, vendemos artesanías. Vendemos tabacos, copales, inciensos mayas. En este momento seguimos aquí haciendo los trabajos mayas, como son los rituales mayas”. A pesar del bullicio turístico, sus productos no logran captar la atención que merecen.
Por su parte, Hankin Óscar, otro artesano lacandón, compartió su desconcierto: “Es temporada de vacaciones y no veo que baje la gente, pero no quieren comprar y no sé qué le está pasando. Los que venden aquí son varios, pero nosotros somos puros lacandones. Hay como unas 15 familias nada más, muy poco, no mucho”. Esta situación plantea un dilema: aunque la cantidad de turistas ha aumentado, el interés por las artesanías lacandonas parece haber disminuido.
La comunidad lacandona, que cuenta con más de 15 familias dedicadas a la elaboración y venta de artesanías, enfrenta un reto significativo. A pesar de que sus productos son elaborados con técnicas ancestrales y reflejan una rica herencia cultural, la valoración de estos trabajos por parte de los visitantes es cada vez más escasa. “Sí, ya lo hacemos. Lo que es el trabajo maya, que muchos no lo creen que nosotros lo hacemos, pero sí en realidad lo hacemos. Un trabajo artesanal. Exactamente. Nosotros elaboramos lo que es la semilla, lo que es el copal. Todo eso es nuestro trabajo, las flechas, ese es nuestro trabajo de la selva lacandona”, explica una artesana lacandona.
La desconexión entre la afluencia turística y el apoyo a la economía local es alarmante. Los artesanos no solo buscan una fuente de ingresos; también desean mantener viva su cultura y tradiciones. “Nos gustaría que los turistas se acerquen, conozcan un poco más sobre la cultura lacandona y del trabajo artesanal, y que nos apoyen comprando algunos de los trabajos que realizamos. No solo es un aporte económico, sino también una forma de preservar nuestra cultura y tradición”, añadió la artesana.
Los artesanos lacandones enfrentan el desafío de hacer visibles sus productos en un mercado saturado por souvenirs de producción masiva. La autenticidad de sus creaciones, que reflejan su identidad y conexión con la selva, necesita reconocimiento y aprecio por parte de quienes visitan Palenque.
Los artesanos piden que los turistas no solo se enfoquen en disfrutar de las maravillas arqueológicas, sino que también busquen conectarse con la comunidad local. Apoyar a los artesanos no solo beneficia a las familias lacandonas, sino que contribuye a la preservación de una cultura que ha resistido el paso del tiempo.











































