Coparmex señaló fallas estructurales, inseguridad y exclusión, sin garantizar eficiencia
IVÁN LÓPEZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
En la capital chiapaneca, el transporte público reflejó una crisis que parece no tener solución inmediata. Más de tres mil unidades informales, en su mayoría vans o combis, circulan por la ciudad sin un sistema claro ni regulación efectiva, lo que obliga a los usuarios a adaptarse a un servicio errático y precario. La falta de alternativas reales deja a la población a merced de un modelo desgastado y poco eficiente.
La Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) destacó que esta problemática es resultado de múltiples factores, ausencia de inversión estructural, conflictos sociales relacionados con el sector, y la escasa inclusión de personas con discapacidad, quienes enfrentan barreras físicas y de acceso en casi todas las unidades. Además, la inseguridad vial y la congestión constante complican la movilidad diaria, lo que genera estrés y pérdidas de productividad estimadas en 25 horas al año por usuario, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).
El caos se reflejó en las irregularidades que viven los pasajeros, vehículos que sobrepasan su capacidad, cobros arbitrarios que exceden la tarifa oficial, y horarios inexistentes que provocan esperas que pueden llegar a 40 minutos. A pesar de estas deficiencias, el 65 por ciento de los tuxtlecos depende del transporte público para sus traslados diarios, según el Instituto de Movilidad del Estado de Chiapas (IMOVECH).
Pese a la magnitud del problema, las soluciones planteadas por la Coparmex apuntaron hacia la modernización a través de inversiones en infraestructura y la regulación rigurosa de las rutas existentes. La propuesta también enfatizó la promoción de la movilidad sostenible y la colaboración público-privada como ejes para mejorar la eficiencia y reducir el impacto ambiental, al considerar que el transporte representa el 30 por ciento de las emisiones contaminantes en Tuxtla, según datos de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT).
Mientras tanto, los usuarios han desarrollado estrategias para convivir con el sistema fragmentado, identifican horarios menos saturados, negocian con choferes y adaptan sus rutas para evitar los peores momentos del día. Sin embargo, este arreglo temporal no es suficiente para una ciudad que crece y demanda soluciones integrales que garanticen seguridad, accesibilidad y calidad en el transporte público. El reto, por ahora, sigue inconcluso.




















































