Campesinos señalaron que el costo propuesto por Gobierno federal agrava el abandono del campo
CARLOS RUIZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
La brecha entre las decisiones de escritorio y la realidad del campo mexicano parece ensancharse cada año. La Unión Nacional de Trabajadores Agrícolas (UNTA) rechazó de forma tajante la propuesta de pagar seis pesos por kilogramo de maíz al considerarla inviable y desconectada del esfuerzo productivo campesino. La organización denunció que esta tarifa no compensa los costos de producción actuales, lo que perpetúa el abandono estructural del sector rural.
Para los campesinos, producir maíz ha dejado de ser una actividad rentable. Cultivar una sola hectárea puede costar entre 11 mil y 15 mil pesos, mientras que el rendimiento promedio apenas alcanza dos toneladas y media. La ecuación es clara: vender a seis pesos el kilo implica trabajar con pérdidas. En los campos tecnificados, que representan una minoría, los insumos como semillas certificadas, fertilizantes y seguros elevan el costo por tonelada a más de 15 mil pesos. En contraste, en los campos no tecnificados, donde el trabajo se hace “a la bendición de Dios”, como lamentan los productores, las condiciones son aún más precarias.
La propuesta gubernamental, llega en un contexto alarmante: según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), Chiapas perdió más del 70 por ciento de su superficie sembrada de maíz entre 2000 y 2024, cayendo de 700 mil a apenas 200 mil hectáreas. El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) indicó que el 85 por ciento de la población rural en la entidad vive en situación de pobreza. A esto se suma que solo el 13 por ciento de los agricultores mexicanos tiene acceso a créditos, de acuerdo con datos del Banco de México (Banxico).
La crisis del campo no solo se mide en toneladas, sino en abandono institucional. Campesinos de ejidos en Tuxtla, Chiapa de Corzo, San Cristóbal o Tapachula siembran por tradición más que por certeza económica. La Secretaría de Agricultura, denunció la UNTA, ha dejado de realizar análisis de suelo, mientras que el Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP) se ha alejado de los pequeños productores.
En este ciclo agrícola, aún activo, muchos campesinos siembran variedades como el maíz blanco y el olotillo, conscientes de que de manera difícil recuperarán su inversión. La UNTA advirtió que, si no hay una revisión profunda del precio base y de la política de apoyo al campo, el maíz seguirá siendo símbolo de identidad nacional, pero no de sustento campesino.











































