Aunque el dinero no compensa una vida, los incentivos financieros son una herramienta clave para abrir investigaciones
CARLOS RUIZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
En un estado donde la ausencia pesa más que las cifras, la Colectiva Madres en Resistencia ha logrado algo impensable, transformar el dolor en presión institucional. Gracias a su lucha, el monto de las recompensas por información sobre personas desaparecidas en Chiapas ha comenzado a aumentar. Lo que antes era una política inerte, hoy se convierte en herramienta de búsqueda.
La Fiscalía General del Estado (FGE), que hasta hace poco ofrecía sumas mínimas, ha incrementado la recompensa por información útil de 200 mil a 500 mil pesos en algunos casos, resultado directo de la exigencia y presión social encabezada por las madres buscadoras. Aunque estos montos no representan ni por asomo el valor de una vida, las madres los ven como incentivos que pueden abrir caminos hacia la verdad. “No se trata de poner precio, se trata de mover a alguien a hablar”, señalaron.
Pero más allá del dinero, lo que ha comenzado a moverse es el miedo. Adriana Gómez, madre de Jade Guadalupe, reconoció que el verdadero impacto está en la inspiración que han generado. Más familias, antes paralizadas por el temor o el estigma, se animan ahora a presentar denuncias formales. “Esto ya no es solo por nuestras hijas, sino por todos los que aún no han sido buscados”, afirmó. En la comarca, existen más de dos mil 100 casos de desapariciones no reportadas, según registros extraoficiales recabados por organizaciones civiles.
La visibilidad que han ganado las Madres en Resistencia también ha empujado a las autoridades a emitir más fichas de búsqueda. Mientras que en 2021 se emitieron apenas 58 alertas por desaparición en la entidad, para 2023 la cifra superó las 230, de acuerdo con datos del Registro Nacional de Personas Desaparecidas. A nivel estatal, se contabilizan de manera oficial más de mil 800 personas desaparecidas, aunque el subregistro y la falta de denuncias siguen siendo una barrera enorme.
Este movmiento, nacido del duelo, se ha convertido en una fuerza de presión política y social. Las madres no solo buscan a sus hijos, buscan romper la inercia institucional y social que ha permitido que las desapariciones se normalicen. Su mensaje es claro y directo, no están solas, y tampoco lo están quienes aún no se atreven a hablar. En medio del dolor, han logrado algo esencial, que el miedo ya no sea la última palabra.











































