Las condiciones climáticas, aranceles y falta de mano de obra tienen en jaque al producto chiapaneco
IVÁN LÓPEZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
Ante el creciente abandono del campo y el debilitamiento del sector cafetalero en Chiapas, productores de la zona alta de Tapachula han solicitado a Gobierno federal la apertura de un nuevo banco rural que les permita acceder a créditos sin intereses onerosos. La propuesta no parte del capricho, sino de una necesidad urgente, el sistema financiero actual no responde a las condiciones reales del campo y, en lugar de impulsar la producción, la asfixia.
En el ejido San Antonio Chicharras, como en muchas otras comunidades cafetaleras, los efectos del cambio climático, la sequía prolongada y los aranceles han colapsado los márgenes de rentabilidad. De acuerdo con el Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera (SIAP), la producción de café en el estado disminuyó en más de 20 mil toneladas entre 2020 y 2023. A esta caída se suma el encarecimiento de la mano de obra, resultado de la disparidad entre el peso mexicano y el quetzal guatemalteco.
Los costos por secado, insumos, fertilizantes y labores culturales se han disparado. Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), los insumos agrícolas han incrementado su precio en más de 35 por ciento en los últimos tres años. En contraste, el precio pagado por el kilo de café apenas alcanzó los 58 pesos este año, una cifra que, pese a parecer alta, se reduce tras el pago de impuestos. De hecho, cifras del Servicio de Administración Tributaria (SAT) indicaron que los pequeños productores destinan hasta el 25 por ciento de sus ingresos brutos al pago de impuestos federales.
Frente a este panorama, los cafeticultores no solo piden subsidios, exigen autonomía financiera. La reapertura de una institución como Banrural, que en el pasado funcionó como soporte económico para el campo mexicano, permitiría a los productores acceder a créditos justos, con reglas adaptadas a las temporalidades agrícolas. Según el Consejo Nacional Agropecuario, apenas el 6.3 por ciento de los productores rurales en México accede a créditos formales. La alternativa, denuncian, ha sido recurrir a financieras privadas con intereses desproporcionados.
Los cafeticultores no buscan dádivas, sino mecanismos viables para sostener una actividad que representa una de las principales fuentes económicas de la región. Sin crédito justo, sin trabajadores disponibles y con una política fiscal que grava hasta la pérdida, el cultivo de café se encamina a una nueva etapa de vulnerabilidad.











































