Arrastra denuncias por conducta inapropiada y omisiones reiteradas
CARLOS RUIZ/PORTAVOZ
En Mazatán, la figura del síndico municipal se ha convertido en sinónimo de ausencia. La ciudadanía ha levantado la voz ante la constante indiferencia de Osmar Chiu Marroquín, quien, lejos de cumplir sus funciones como representante legal y defensor del interés colectivo, ha optado por nula presencia en la administración. Su oficina, según testimonios, permanece cerrada la mayor parte del tiempo, mientras los problemas del municipio se acumulan sin canal institucional.
Lo que comenzó como molestia aislada, ha escalado a un llamado colectivo al Gobierno del Estado para intervenir. La población reclamó que el síndico incumple con su papel como contrapeso dentro del ayuntamiento y ha preferido moverse en clave electoral, al proyectar su aspiración a la Presidencia municipal. El problema no es solo político, en la entidad, el 42 por ciento de los municipios presenta rezago en gobernabilidad local, según el Diagnóstico de Capacidades Municipales del INAFED (2023).
Los reclamos también se enmarcan en una crisis de representación. En la comarca, el 56 por ciento de los ciudadanos asegura no confiar en sus gobiernos municipales, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental (ENCIG, 2023) del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). En Mazatán, esa desconfianza encuentra razones concretas, el funcionario señalado ha sido vinculado a actitudes impropias, ausencias reiteradas y conductas que, según pobladores, van desde el acoso hasta el abuso del poder.
El vacío institucional genera un daño estructural en un municipio donde el 65 por ciento de la población vive en pobreza, según datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval, 2022). La falta de respuesta del síndico ante gestiones ciudadanas agrava problemas cotidianos, caminos sin mantenimiento, servicios básicos ineficientes y obras inconclusas. Mientras tanto, el funcionario se muestra activo cuando se trata de exigir beneficios o cuotas de poder dentro del ayuntamiento.
Mazatán no exige milagros, exige presencia. En un estado donde el 73 por ciento de los municipios reportó baja participación ciudadana en asuntos públicos (Inegi, 2022), la demanda de estos habitantes rompe la apatía. El mensaje es claro, los cargos públicos no son plataformas personales, sino responsabilidades con rostro colectivo.











































