La falta de espectáculos nacionales y cambios en instalación de puestos son algunas causas que explican el desánimo
YUSETT YÁÑEZ/PORTAVOZ
En otros tiempos, las ferias populares eran sinónimo de alegría, música, juegos mecánicos, puestos de comida, artesanías y espectáculos que reunían a familias enteras durante varias semanas. Sin embargo, en la actualidad, los comerciantes dedicados a esta actividad reconocen que el interés del público ha disminuido, lo que se refleja directamente en sus ventas y en la atmósfera de las celebraciones.
Ramón Torres, feriero con más de tres décadas de experiencia y actual representante de una asociación con 51 integrantes, explicó que este año la situación se ha sentido distinta.
“Ha estado un poco diferente, inclusive otros años las instalaciones de los puestos eran muy diferentes; aquí hubo puestos que ya no pudimos meter, entonces ha estado distinto. No tiene la atracción de artistas nacionales mínimo; los artistas que vienen acá son locales. No quiere decir que no tengan valor o que no sean buenos, pero la gente le llama más lo nacional, lo internacional, y ya no se hace así”, señaló.
La ausencia de grandes espectáculos, que solían ser uno de los principales atractivos, se ha convertido en una de las causas de la baja asistencia. Mientras antes llegaban figuras reconocidas de la música popular, hoy los escenarios se limitan, en su mayoría, a artistas locales que, aunque talentosos, no logran despertar el mismo interés masivo.
Para los ferieros, más que un negocio, esta actividad es parte de su vida. Ramón Torres recuerda que su infancia transcurrió entre los juegos mecánicos y los pasillos de la feria, acompañando a sus padres en el trabajo.
“Ya es una tradición para nosotros. Yo crecí en la feria, desde pequeño con mis padres, y así hay muchos que de aquí han salido y también tienen su propio negocio. Es una tradición de nosotros andar así, y trabajamos todas las ferias de Tuxtla Gutiérrez”, comentó.
Ese arraigo cultural, transmitido de generación en generación, es lo que mantiene de pie a las asociaciones de comerciantes, quienes ven en cada feria la oportunidad no solo de generar ingresos, sino de mantener viva una costumbre que ha sido parte de la identidad de los barrios y colonias.
Las ventas también muestran un comportamiento irregular: algunos días hay buena afluencia, mientras que en otros apenas llegan visitantes.
“Esta semana hay dos o tres días que han estado buenos, y hay otros que muy pocos”, detalló Torres, subrayando que la inestabilidad afecta directamente la economía de los más de 50 integrantes de su asociación.
Los comerciantes señalan que esta variación ha dificultado sostener los costos de operación, desde el montaje de los juegos mecánicos hasta la renta de los espacios, además de los gastos de traslado y mantenimiento de los equipos.
A pesar de las dificultades, los ferieros insisten en que las ferias tradicionales no deben perderse. Consideran que forman parte del tejido social y cultural de la región, puesto que son espacios de convivencia que permiten a las familias salir de la rutina y disfrutar de un ambiente festivo.
“Queremos invitar a la gente a que nos visite, que no deje de venir. Las ferias no solo son diversión, también son el sustento de cientos de familias que trabajamos en ellas. Si dejamos morir estas tradiciones, perdemos todos”, enfatizó Ramón Torres.




















































