El encarecimiento de los textos académicos ha llevado a los estudiantes a optar por fotocopias
YUSETT YÁÑEZ/PORTAVOZ
En las aulas universitarias de Chiapas, el acceso a los libros de texto se ha convertido en un desafío para muchos estudiantes. Con precios que pueden superar los 600 pesos por una sola obra, la piratería y reproducción ilegal de libros se han convertido en una realidad común. Para muchos jóvenes, las fotocopias se presentan como la única alternativa viable para no quedarse atrás en sus estudios.
Araceli Penagos, estudiante universitaria, comparte su experiencia: “La verdad yo no esperaba que nos pidieran libros. Creí que todo iba a ser digital, pero en la materia de inglés, es indispensable. Viendo el precio, opté por sacar copias a un libro de una amiga”. La diferencia de costos es notable, con libros originales que rondan los 350 pesos, mientras que una copia puede costar tan solo 170. Para Araceli, la decisión es clara: “Hay una diferencia muy grande”.
Montserrat Domínguez, otra universitaria, refuerza esta idea al mencionar que ha llegado a pagar hasta mil pesos por un libro de inglés. “Si son libros originales, pueden variar entre 350 y 600, y eso es un poco caro”, explicó. Dada la presión económica que enfrentan muchos estudiantes, las copias se convierten en la solución más práctica.
David, encargado de una copiadora, confirma esta tendencia: “Un libro de inglés está arriba de 600 pesos, y las copias cuestan entre 70 y 80 pesos. Les cuesta un 20 por ciento del valor del libro”. Esta disparidad crea un incentivo significativo para que los estudiantes opten por la reproducción ilegal de textos.
Sin embargo, esta práctica tiene repercusiones más allá del ahorro inmediato. Julio Sánchez Esquinca, un librero de Chiapas, advirtió sobre las consecuencias de la piratería. “En el sur, el tema de la piratería y el fotocopiado de libros ha tomado un gran auge”, señaló. El problema no solo afecta las ventas de librerías, sino que también impacta la producción académica en el país. “Estamos trabajando con las instituciones en una campaña de concientización sobre derechos de autor y propiedad intelectual”, añadió.
Las implicaciones son serias. La piratería no solo afecta a los libreros, sino que también genera una fuga de talento académico. “Muchos investigadores ya no quieren publicar en México”, reveló Sánchez Esquinca. “Prefieren hacerlo en otros países debido al alto grado de piratería”. Esta situación crea un círculo vicioso, donde la falta de confianza en el sistema editorial mexicano desincentiva la inversión en investigación y desarrollo.
El fotocopiado de obras enteras, aunque permitido en ciertas condiciones, se ha convertido en una práctica común. “Está permitido, pero solo el 30 por ciento de la obra”, aclaró Sánchez Esquinca. Sin embargo, el desconocimiento sobre estas normativas es generalizado entre los estudiantes, lo que agrava el problema.
La piratería de libros universitarios, en esencia, es un claro ejemplo de la crisis económica que enfrentan muchos estudiantes. Sin embargo, la solución a este problema no es tan simple como permitir la reproducción de textos.
Algunas instituciones han comenzado a explorar el uso de plataformas digitales que ofrezcan libros a precios más accesibles o incluso la creación de bibliotecas digitales que permitan a los estudiantes acceder a textos sin costo alguno.
Mientras tanto, la realidad en las aulas universitarias de Chiapas sigue siendo compleja. La lucha por acceder a una educación de calidad no debería verse obstaculizada por la imposibilidad de adquirir los materiales necesarios.






































