Las cifras revelaron la fuerte dependencia económica hacia los apoyos
CARLOS RUIZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
Chiapas se ha convertido en un epicentro de la política social del Gobierno de México. Con el 37.5 por ciento de su población recibiendo al menos un subsidio federal, la entidad encabeza la lista de estados con mayor penetración de los Programas para el Bienestar. La estrategia busca cerrar brechas históricas de pobreza y desigualdad, en un territorio donde siete de cada 10 habitantes viven en condiciones de pobreza según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval).
Los apoyos llegan a más de dos millones 77 mil chiapanecos, entre adultos mayores, personas con discapacidad, estudiantes y campesinos. La magnitud del alcance refleja la apuesta del Gobierno federal, en la entidad no hay un hogar que no dependa de algún subsidio. Para dimensionar el impacto, basta recordar que en el país la cobertura promedio es del 27 por ciento de la población, 10 puntos por debajo de lo registrado en la comarca.
El peso de estos programas adquiere mayor relevancia si se considera que el estado tiene el menor Producto Interno Bruto (PIB) per cápita del país, con apenas 48 mil 700 pesos anuales, frente a los 216 mil pesos de la Ciudad de México, conforme a los datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi, 2023). Además, la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) señaló que 61 por ciento de los trabajadores chiapanecos se emplea en la informalidad, lo que hace que los subsidios sean, en muchos casos, la única fuente de ingresos estables.
La cobertura también respondió a particularidades regionales. En Los Altos, donde la pobreza extrema afecta al 49 por ciento de los habitantes (Coneval, 2022), las pensiones y becas han mitigado el rezago. En el Soconusco, programas como Sembrando Vida impactan en el sector agrícola, que representa el 23 por ciento de la economía local. Y en Tuxtla Gutiérrez, los apoyos se complementan con proyectos de infraestructura, en búsqueda de equilibrar las desigualdades de la capital.
Sin embargo, especialistas advirtieron que la dependencia masiva de subsidios plantea un reto futuro, cómo transformar esta política en desarrollo económico sostenible. El Banco de México reportó que, pese al aumento de transferencias federales, el crecimiento económico del territorio apenas alcanzó el 1.2 por ciento en 2023. Esto abrió el debate sobre si los programas son un paliativo inmediato o una plataforma para impulsar proyectos productivos que permitan a las comunidades generar riqueza propia.











































