La discriminación en aulas sigue siendo una realidad para muchos niños y niñas
YUSETT YÁÑEZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
La escuela debería ser un espacio seguro y acogedor donde todos los niños y niñas encuentren oportunidades para aprender, convivir y crecer. Sin embargo, en Chiapas, la discriminación persiste en las aulas, impidiendo que muchos menores accedan a una educación equitativa. Esta es la historia de María del Consuelo y su hijo, quien padece epilepsia y a quien se le negó el derecho a estudiar en un ambiente inclusivo.
El 31 de agosto, María del Consuelo se acercó a la escuela primaria José Emilio Grajales, ubicada en la colonia San Pedro Progresivo, para preguntar sobre la inscripción de su hijo. “Nos dijeron que mi hijo iba a quedar en primer grado, grupo C, turno matutino. Entregamos todos los documentos, incluso el certificado médico por su epilepsia. Yo solo quería explicar los cuidados que requiere”, relató con tristeza. Sin embargo, la respuesta que recibió fue un claro ejemplo de exclusión.
La maestra, sin considerar las necesidades del niño, le comunicó que no aceptaría a ningún estudiante con problemas de salud: “La maestra dijo que no iba a recibir ningún enfermo, que ella quería niños normales… el director rayó el baucher con el nombre de mi hijo y le dio el lugar a otro niño”. Esta situación no solo es dolorosa para María del Consuelo, sino que pone de manifiesto la falta de sensibilización y capacitación en las escuelas para atender la diversidad.
Ante esta negativa, María del Consuelo se vio obligada a buscar otra institución en la colonia Patria Nueva. Aunque el nuevo plantel aceptó a su hijo, la nueva realidad conlleva un gasto diario significativo que la familia no puede sostener fácilmente. “Ahora tengo que pagar taxi diario para llevarlo… son 120 pesos diarios. No quiero que ningún niño pase lo mismo”, expresó con preocupación.
Los datos respaldan la experiencia de María del Consuelo. Según el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (CONAPRED), el 28 por ciento de los padres y madres de familia en la comarca han reportado actos de exclusión escolar hacia sus hijos por motivos de salud, discapacidad o condición económica. La Encuesta Nacional sobre Discriminación 2022 revela que cuatro de cada 10 niños con alguna condición de salud o discapacidad han enfrentado barreras para inscribirse o permanecer en la escuela.
La educación es un derecho humano fundamental, no un privilegio. La historia de María del Consuelo expone un problema que sigue ocurriendo en silencio, un fenómeno que afecta no solo a los niños discriminados, sino también a la sociedad en su conjunto. Cuando se cierran las puertas de las aulas a un niño, se está limitando su futuro y el de la comunidad en la que vive.
La falta de respuesta de las autoridades educativas ante casos como el de María del Consuelo es preocupante. Hasta el momento, la Secretaría de Educación no ha emitido ninguna postura al respecto, lo que deja a familias como la suya en un limbo de incertidumbre y frustración. La falta de políticas claras y efectivas para garantizar la inclusión educativa puede perpetuar un ciclo de discriminación que afecta a generaciones enteras.
El caso de María del Consuelo resuena con la voz de muchas familias que luchan por un acceso equitativo a la educación. La inclusión no solo beneficia a los niños con discapacidad, sino que enriquece a toda la comunidad, promoviendo la diversidad y el respeto. Las escuelas deben convertirse en espacios donde se celebre la diferencia, donde cada niño tenga la oportunidad de alcanzar su máximo potencial sin importar sus condiciones.
Es fundamental que la sociedad civil, autoridades educativas y familias trabajen juntas para crear un entorno inclusivo que garantice el derecho a la educación para todos. La sensibilización y capacitación de docentes, así como la implementación de políticas inclusivas, son pasos necesarios para asegurar que ningún niño quede atrás.









































