Este mes, en particular, se convierte en un recordatorio de la vulnerabilidad telúrica de la región
YUSETT YÁÑEZ/PORTAVOZ
Septiembre es un mes de contrastes para los chiapanecos. Mientras celebran el mes patrio, también enfrentan los recuerdos de tragedias sísmicas. Para muchos, este mes evoca no solo festividades, sino también el temor y la memoria de un pasado marcado por temblores que han dejado huella en el estado. La investigadora Abit Mendoza expuso la realidad sismológica de Chiapas: “Septiembre para los sismólogos es una casualidad que no nos apoya. Nosotros queremos que la población esté preparada todo el año. Entonces, yo digo que todo el año es temporada de temblores”.
El sismo del 7 de septiembre de 2017, con epicentro en Pijijiapan, es uno de los eventos más significativos en la memoria colectiva de los chiapanecos. Este terremoto, de magnitud 8.2, fue uno de los más fuertes registrados en la historia reciente del país, dejando un saldo trágico de más de 15 muertos y cientos de viviendas dañadas. Mendoza recordó con tristeza: “El sismo marcó a miles de familias chiapanecas, recordándonos la vulnerabilidad que enfrenta esta región, ubicada en una de las zonas sísmicas más activas del país”.
El impacto del sismo se sintió no solo en la infraestructura, sino también en el tejido social de las comunidades afectadas. La incertidumbre y el miedo a un nuevo evento sísmico persisten en la memoria de quienes vivieron esa experiencia. Mendoza reflexionó: “Para los mexicanos es una gran oportunidad que nos haya recordado la naturaleza que, en septiembre, precisamente, se pueden llegar a tener sismos grandes. ¿Para qué? Para estar muy alertas. Nosotros debemos estar más preocupados por cómo nos vamos a preparar ante un evento similar”.
La cultura de la prevención es fundamental en un estado donde la actividad sísmica es constante. En lo que va del 2025, Chiapas ha registrado más de tres mil movimientos telúricos, un dato que resalta la necesidad de estar preparados. “Desde el primero de enero del 2025 hasta el día de hoy, hemos tenido tres mil 78 sismos”, afirmó Mendoza, subrayando la urgencia de desarrollar una conciencia colectiva sobre la importancia de la preparación.
A pesar de la adversidad, la comunidad chiapaneca ha demostrado una resiliencia notable. Las autoridades y organizaciones locales han trabajado para implementar planes de emergencia y simulacros, buscando reducir el riesgo en caso de un nuevo sismo. Sin embargo, la tarea no es sencilla. Muchos habitantes todavía no están conscientes de la magnitud del riesgo que enfrentan.
La memoria sísmica de la comarca es una lección que no debe ser olvidada. Septiembre debe ser un mes de reflexión, donde la población no solo conmemore su identidad nacional, sino también se prepare activamente para enfrentar los embates de la naturaleza. La prevención debe ser una prioridad en las escuelas, hogares y comunidades, fomentando una cultura de seguridad y responsabilidad.
Las autoridades deben redoblar esfuerzos en la difusión de información y en la capacitación de la población. Esto no solo incluye la enseñanza de cómo reaccionar durante un sismo, sino también la importancia de contar con un plan familiar de emergencia y un kit básico con suministros esenciales. La preparación debe ser una práctica constante, no solo un recordatorio que surge cada septiembre.
El mes patrio puede ser una oportunidad para unir a las comunidades en torno a la prevención y la solidaridad. Al recordar los eventos pasados, Chiapas puede transformarse, no solo en un lugar de conmemoración, sino en un ejemplo de preparación y resiliencia ante los desastres naturales.











































