La desaparición del idioma reflejó un quiebre generacional y pone en riesgo los conocimientos ancestrales de la localidad
IVÁN LÓPEZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
Copoya, el único ejido rural de Tuxtla Gutiérrez, enfrenta una erosión cultural que refleja la pérdida de su lengua materna zoque. Hoy, más de tres décadas después de que se dejara de hablar con fluidez, la comunidad conserva tradiciones visibles, pero la comunicación ancestral ha desaparecido casi por completo. Datos del Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (INALI) indicaron que solo 0.7 por ciento de la población zoque de Chiapas mantiene un uso activo de la lengua, evidencia de la urgencia de acciones de rescate.
El proceso de modernización aceleró la desaparición. Desde los años 90, la introducción de drenaje, agua potable y vivienda de concreto, así como la llegada de población foránea, transformó la vida cotidiana. Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), entre 2000 y 2020, la población de Copoya creció más del 87 por ciento, puesto que pasó de ocho mil a 15 mil habitantes, lo que dispersó a los hablantes nativos y redujo los espacios donde el zoque podía transmitirse de manera oral.
El abandono de la lengua ha marcado también un quiebre generacional. La Encuesta Intercensal 2015 señaló que solo 12 por ciento de los jóvenes indígenas en la entidadaprendieron su lengua materna en casa, un reflejo del debilitamiento de la transmisión familiar. Esto ha generado una desconexión con saberes ancestrales vinculados a rituales, música y danzas tradicionales.
Expertos culturales advirtieron que la pérdida lingüística implica también una pérdida de identidad. La directora del Centro Estatal de Lengua, Arte y Literatura Indígena, María de la Flor Gómez Cruz, apuntó que la revitalización del zoque es posible, pero depende del interés de la comunidad y de políticas públicas efectivas. El INALI reportó que en la comarca menos de 20 por ciento de los municipios cuentan con programas de rescate de lenguas indígenas, lo que mostró la limitada intervención institucional.
La historia de Copoya expuso que la urbanización y la migración pueden borrar expresiones culturales únicas en menos de un lustro. Hoy, la lengua zoque sobrevive en recuerdos y fragmentos de oración, mientras la comunidad mantiene tradiciones parciales como vestimenta y música. Según el Consejo Nacional de Población (CONAPO), más del 30 por ciento de los descendientes de pueblos originarios en áreas urbanas de la región carecen de vínculo con su lengua, lo que consolida un escenario donde la identidad ancestral se desvanecerá si no se actúa con urgencia.






































