La agricultura sin suelo se abre paso en las urbes como una forma de garantizar alimentos más limpios
YUSETT YÁÑEZ/PORTAVOZ
En medio de una crisis ambiental marcada por la deforestación, escasez de agua y creciente demanda de alimentos frescos, las cosechas hidropónicas surgen como una alternativa viable para producir en las ciudades. Esta técnica, que prescinde de la tierra para cultivar frutas, hortalizas y vegetales, se ha consolidado como una herramienta que no solo acerca la producción a los hogares, sino que también reduce el impacto ambiental y fomenta una alimentación más saludable.
La hidroponía consiste en cultivar plantas en soluciones acuosas ricas en nutrientes. Lechugas, rábanos, jitomates, pepinos y hasta fresas son algunos de los alimentos que pueden obtenerse bajo este sistema. En comparación con la agricultura convencional, que depende de grandes extensiones de suelo fértil, fertilizantes y pesticidas, la hidroponía ofrece un modelo limpio, adaptable y de alto rendimiento.
Jorge Ruiz, productor urbano, explicó: “la ventaja que nosotros tenemos con este tipo de cultivos es que son cultivos limpios, donde obviamos o prescindimos del uso de pesticidas y de fertilizantes que son agresivos para las plantas y para las personas”.
Uno de los beneficios más relevantes es el ahorro de agua. De acuerdo con datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la hidroponía utiliza entre 70 y 90 por ciento menos agua que la agricultura tradicional. Esto se debe a que el agua circula en sistemas cerrados, se reutiliza y solo se reemplaza parcialmente cuando es necesario. En un país como México, donde el 76 por ciento del agua disponible se destina al sector agrícola, esta técnica representa una alternativa crucial frente a la sequía y el cambio climático.
Además, los cultivos hidropónicos ofrecen rendimientos superiores: producen entre tres y 10 veces más cantidad de alimentos en menor tiempo. Según un estudio del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), una lechuga cultivada de forma hidropónica puede crecer en 30 días, mientras que en el suelo tarda hasta 60 días. Esto no solo acelera la disponibilidad de alimentos, también mejora la calidad, dado que el ambiente controlado reduce riesgos de plagas y enfermedades.
Ruiz subrayó la accesibilidad del sistema, “eso nos permite que las amas de casa o este tipo de personas que quieran tener cultivos en casa, puedan hacerlo en azoteas, terrazas, balcones o jardines, sin necesidad de que tengan mucha tierra y teniendo buenos resultados”.
En ciudades como Monterrey, Guadalajara o Ciudad de México, las granjas urbanas hidropónicas están ganando terreno. Algunas funcionan en techos de edificios, otras en invernaderos verticales, contribuyendo no solo a la seguridad alimentaria, sino también a la reducción de la huella de carbono, al evitar el transporte de productos desde largas distancias.
EN TÉRMINOS AMBIENTALES, LAS VENTAJAS SON:
Reducción de pesticidas y químicos: al no requerir insecticidas agresivos, se evita la contaminación del aire y del agua.
Protección del suelo: al no depender de la tierra, se combate la degradación de suelos fértiles, que en México afecta al 64por ciento del territorio según la Comisión Nacional Forestal (CONAFOR).
Producción en espacios reducidos: permite aprovechar áreas urbanas inutilizadas como azoteas y paredes, lo que evita la expansión de la frontera agrícola hacia bosques y selvas.
Menor emisión de CO₂: al producir en la ciudad, se reducen los traslados desde zonas rurales, disminuyendo la contaminación por transporte.











































