Gilberto de los Santos Cruz
La década de los 70 en México estuvo marcada por el autoritarismo político, la represión social y la falta de canales democráticos. Fue en ese ambiente que surgió la Liga Comunista 23 de Septiembre (LC23S), organización guerrillera de inspiración marxista-leninista que buscaba transformar al país por la vía de la lucha armada. Aunque su origen se ubica en Guadalajara, Jalisco, su influencia se extendió a varias regiones de México, incluido Chiapas, donde las condiciones de desigualdad, pobreza y marginación sirvieron de terreno fértil para que las ideas revolucionarias encontraran eco.
La historia de la Liga y su presencia en el sureste no puede entenderse aislada de los movimientos campesinos, estudiantiles y sociales que, desde la década de 1960, ya mostraban un profundo descontento frente a las estructuras del poder político y económico.
LA FUNDACIÓN Y SUS IDEALES
El 15 de marzo de 1973, bajo el liderazgo de Ignacio Arturo Salas Obregón “Oseas”, nació formalmente la Liga Comunista 23 de Septiembre. El propósito era claro: unificar a los grupos armados existentes para articular un proyecto revolucionario de alcance nacional. Tomaron su nombre del asalto al cuartel de Madera (Chihuahua, 1965), un hito en la historia de la guerrilla mexicana, al que consideraron símbolo del sacrificio y la resistencia contra el régimen.
La LC23S perseguía la instauración de un Gobierno socialista, convencida de que la vía pacífica y electoral estaba clausurada por un sistema político hegemónico. Para difundir sus ideas, creó el periódico clandestino Madera, que circulaba en universidades y espacios estudiantiles de distintas partes del país, incluido el sureste.
CHIAPAS: DESIGUALDAD Y RESISTENCIA
En Chiapas, las décadas de 1960 y 1970 estuvieron marcadas por la desigualdad social, la marginación indígena y campesina, y una economía que beneficiaba principalmente a hacendados, finqueros y élites políticas. El ejido y la lucha por la tierra eran temas centrales, y los conflictos agrarios solían terminar en violencia.
En ese escenario, la ideología de la Liga Comunista 23 de Septiembre encontró eco en jóvenes chiapanecos, sobre todo en estudiantes normalistas y universitarios que, al entrar en contacto con la efervescencia nacional, se sumaron a los movimientos de izquierda. El periódico Madera llegó a circular de manera limitada en espacios como la Normal Rural de Mactumactzá y entre sectores estudiantiles de Tuxtla Gutiérrez y San Cristóbal de Las Casas, donde la juventud comenzaba a debatir sobre las causas de la desigualdad y la posibilidad de una transformación radical.
Asimismo, en zonas rurales de Ocosingo, Las Margaritas y Comitán, la pobreza y la explotación de comunidades indígenas crearon un caldo de cultivo para que organizaciones campesinas se radicalizaran. Aunque no todos se vincularon directamente con la Liga, el ideario revolucionario formaba parte del mismo espíritu de resistencia que décadas después daría origen a movimientos como el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).
LA REPRESIÓN Y LA GUERRA SUCIA EN EL SURESTE
El Gobierno federal, consciente de la posibilidad de que la guerrilla prendiera en regiones con altos índices de marginación, desplegó en Chiapas y estados vecinos una fuerte vigilancia militar y policiaca. Los años 70 fueron testigos de operativos de contrainsurgencia, espionaje y persecución de líderes sociales bajo el argumento de combatir la subversión.
La Dirección Federal de Seguridad (DFS) elaboró fichas sobre estudiantes chiapanecos vinculados a movimientos de izquierda. En muchos casos, bastaba con poseer un ejemplar del periódico Madera o participar en reuniones campesinas para ser señalado como “peligro social”. Varios jóvenes fueron detenidos, y en algunos casos, trasladados a centros de reclusión lejanos, acusados de colaborar con la guerrilla.
En la región de la Selva Lacandona, la presencia militar se intensificó con el pretexto de frenar la infiltración de grupos armados, lo que ocasionó tensiones con comunidades indígenas. Estas acciones mostraban el temor del Estado de que las ideas de la Liga Comunista 23 de Septiembre pudieran arraigar en uno de los territorios más olvidados y a la vez más combativos del país.
IMPACTO Y DECLIVE
Aunque la LC23S nunca tuvo una base masiva en Chiapas, su influencia fue significativa en el plano simbólico e ideológico. Jóvenes chiapanecos que migraban a estudiar a Guadalajara, Ciudad de México o Puebla tuvieron contacto directo con la militancia de la Liga y, en algunos casos, regresaron a sus comunidades con nuevas convicciones. Ese intercambio de ideas ayudó a nutrir los movimientos sociales y campesinos que, en los años 80, seguirían cuestionando al régimen priista.
El declive nacional de la Liga, tras la captura y muerte de sus principales dirigentes, se reflejó también en el sureste. La represión, la falta de una estructura sólida en regiones rurales y la ausencia de apoyo masivo hicieron que su presencia fuera cada vez más marginal. No obstante, su legado ideológico no desapareció. Sembró en muchos jóvenes la idea de que era necesario cuestionar las estructuras del poder y luchar por una vida más justa.
MEMORIA Y REFLEXIÓN
En Chiapas, hablar de la Liga Comunista 23 de Septiembre es hablar también de los antecedentes de la inconformidad que décadas después estallaría en el levantamiento zapatista de 1994. Si bien son movimientos distintos, ambos surgieron de una misma raíz: la pobreza, la exclusión y el autoritarismo.
Hoy, a más de medio siglo de su fundación, la Liga es recordada como un intento de construir un México diferente. Sus aciertos y errores siguen siendo materia de debate, pero su existencia nos obliga a reflexionar sobre cómo los caminos cerrados de la política institucional llevaron a muchos jóvenes a optar por la vía armada.
En el sureste, su memoria está ligada a la lucha campesina, a los estudiantes que fueron reprimidos por soñar con un futuro distinto, y a las comunidades que, desde entonces, siguen demandando justicia e igualdad. Recordar a la Liga Comunista 23 de Septiembre no es solo un ejercicio histórico, sino también una oportunidad para pensar en los retos actuales de la democracia y la inclusión en nuestro país.
CONCLUSIÓN
La Liga Comunista 23 de Septiembre fue, sin duda, la organización guerrillera más relevante de la segunda mitad del siglo XX en México. Aunque su acción directa en Chiapas no alcanzó la magnitud de otras regiones, su influencia ideológica se sintió en estudiantes, campesinos e indígenas que compartían el mismo hartazgo social.
El sureste mexicano fue escenario de desigualdades profundas que hicieron eco a la voz de la Liga, y aunque el movimiento fue desarticulado por la represión del Estado, sus ideas sembraron una semilla que años después volvería a germinar en nuevas formas de organización y resistencia.
La historia de la Liga, tanto a nivel nacional como local, nos recuerda que la justicia y la democracia no deben negarse, pues cuando se cierran los caminos de la participación, la historia muestra que los pueblos buscan otras rutas, incluso las más radicales, para hacerse escuchar.














































