Expertos advierten que el uso de tecnologías como deepfakes, pueden comprometer la integridad de las personas
YUSETT YÁÑEZ/PORTAVOZ
La revolución digital ha traído consigo un fenómeno inesperado, las modelos generadas por inteligencia artificial (IA), que han conquistado las redes sociales con su apariencia perfecta y estilizada. Su éxito radica en la capacidad de la IA para crear imágenes que parecen reales, generando un atractivo masivo. Sin embargo, tras esta fachada estética se esconden riesgos significativos que podrían afectar la seguridad personal de millones de usuarios.
Alejandro Hernández, asesor de consultoría en ciberseguridad, señaló que el fenómeno de las modelos de IA no solo es un tema de estética, sino que también plantea serias preocupaciones. “Algunos de los más claros pueden ser el uso de deepfakes, que son básicamente imágenes o videos falsos que pueden dar información engañosa y, lamentablemente, la sociedad puede llegar a creerlo”, explicó. Este tipo de tecnología ha evolucionado rápidamente, y su accesibilidad ha permitido que personas malintencionadas las utilicen para fines nefastos.
Un estudio de la Universidad de Stanford reveló que el 96 por ciento de los usuarios de Internet no pueden distinguir entre un video real y uno generado por IA. Esto se traduce en una vulnerabilidad alarmante, dado que los deepfakes han sido utilizados en extorsiones, donde los delincuentes crean contenido comprometedor con la imagen de una víctima para exigir dinero a cambio de no difundirlo. Hernández detalló: “Algunos casos de extorsión involucran el cambio de rostro, donde piden dinero a cambio de eliminar fotografías de las redes sociales. Es devastador”.
La tecnología detrás de los deepfakes se basa en redes neuronales que requieren solo 30 segundos de grabación de voz o video para clonar la apariencia y la voz de una persona. “Lo único que necesitan son 30 segundos de voz de algún video que tengan en alguna red social o en alguna llamada telefónica para que clonen la voz”, advirtióHernández, enfatizando la facilidad con la que se pueden perpetrar estos fraudes.
A pesar de los riesgos asociados, no se puede pasar por alto que la inteligencia artificial también ofrece beneficios sustanciales. Las máquinas pueden realizar de manera automática tareas repetitivas que son tediosas para los humanos, lo que permite liberar tiempo para actividades más creativas. Esto se traduce en una mayor eficiencia en diversas áreas, desde la producción hasta la atención al cliente.
Sin embargo, la dualidad de la IA plantea un dilema moral y ético. Mientras que su uso puede potenciar la creatividad, también puede ser una herramienta de manipulación. Especialistas en ciberseguridad sugieren que es crucial educar a la población sobre cómo detectar el uso indebido de esta tecnología. Hernández mencionó algunos patrones identificables en el uso de deepfakes: “Por ejemplo, hay varias cosas borrosas en el cuello o las manos; la inteligencia artificial actual no las hace bien”.
La proliferación de modelos de IA y deepfakes puede llevar a la desinformación y la manipulación, además de poner en riesgo la seguridad personal. La clave está en el equilibrio, disfrutar de los avances que la IA ofrece, pero con una comprensión clara de sus posibles peligros.
La inteligencia artificial está transformando la forma en que interactuamos con el mundo digital, pero es fundamental que los usuarios estén conscientes de los riesgos que conlleva. La belleza generada por IA es solo la punta del iceberg; debajo de la superficie, los peligros son reales y necesitan ser abordados con urgencia.





































