Comuneros denunciaron que el espacio opera como un negocio familiar y genera lixiviados que afectan el ecosistema
CARLOS RUIZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
En la comunidad de La Soledad, la indignación crece entre vecinos que denuncian la operación de un basurero a cielo abierto dentro del Rancho San Alberto, propiedad del padre del alcalde de Cacahoatán, Víctor Pérez Saldaña. Habitantes aseguraron que este sitio no solo contamina el entorno, sino que amenaza la salud de quienes dependen de los pozos y ríos locales para su consumo diario.
El representante de los comuneros, Héctor Cifuentes, advirtió que los lixiviados de los residuos han penetrado los mantos freáticos, lo que ha generado un riesgo ecológico permanente. Según el Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático, 32 por ciento de los municipios chiapanecos carece de un sistema de disposición de basura adecuado, lo que convierte prácticas como esta en un problema estructural de la región.
Más allá del impacto ambiental, la situación evidenció un posible conflicto de intereses. El terreno genera ingresos estimados en 1.6 millones de pesos al año, y la renta mensual del predio asciende a 135 mil pesos. Para los comuneros, el basurero no es un servicio público, sino un negocio familiar que contrasta con los discursos oficiales de sostenibilidad del Gobierno estatal y el concurso “Chiapas Limpio”.
El Gobierno municipal ha ignorado múltiples denuncias, a pesar de que el estado enfrenta serios desafíos ambientales. En la comarca, el 40 por ciento de los tiraderos operan sin control sanitario, y la deforestación anual alcanza 19 mil hectáreas, indicadores que subrayaron la gravedad de permitir que basureros clandestinos funcionen sin regularizar. Para los habitantes de La Soledad, la falta de acción reflejó tanto la debilidad institucional como la vulnerabilidad de los ecosistemas locales.
Leonel López, integrante de la comunidad, enfatizó que se necesita una inspección inmediata por parte de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente y la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, acompañada de sanciones firmes. Solo así se podrá detener un desequilibrio ecológico que afecta a flora, fauna y personas por igual. En un estado donde solo el 18 por ciento de los residuos se maneja de manera adecuada, este caso se ha convertido en símbolo de la tensión entre la política ambiental de papel y la realidad de los ecosistemas chiapanecos.











































