Problema fecta a más del 50 por ciento de la población rural, con consecuencias directas en economía y seguridad alimentaria
IVÁN LÓPEZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
Productores del Soconusco endurecieron su protesta ante la desaparición de 23 programas de apoyo al campo, al asegurar que la falta de políticas activas amenaza la continuidad de sus cultivos y la economía regional. Según la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural, 42 por ciento de los pequeños productores en Chiapas depende de subsidios o créditos que ya no existen, lo que genera un panorama de vulnerabilidad sin precedentes.
La siembra de maíz y soya, pilares del agro en la región, enfrenta retrocesos significativos. Datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, mostraron que 35 por ciento de los productores redujo más del 30 por ciento de sus hectáreas, y la siembra de soya está al borde de desaparecer, lo que eleva el riesgo para la seguridad alimentaria local y nacional.
El abandono institucional también se reflejó en la infraestructura y acceso a insumos. La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación(FAO) reportó que casi la mitad de los agricultores rurales en la entidad carece de fertilizantes subsidiados o asistencia técnica, mientras los costos de producción siguen en aumento, dificulta la rentabilidad de los pequeños negocios familiares.
Los líderes campesinos exigen reactivación de créditos a bajo interés y precios justos, advirtiendo que las movilizaciones no cesarán hasta lograr avances concretos. Según datos de la Secretaría de Economía Rural, el 48 por ciento de los costos de producción agrícola corresponde a insumos básicos como fertilizantes, semillas y maquinaria, elementos que se vuelven inaccesibles para la mayoría.
Además del impacto económico inmediato, la crisis podría profundizar la migración rural hacia las ciudades. El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, indicó que más del 50 por ciento de la población rural en la comarca depende de la agricultura para subsistir, por lo que la continuidad de las protestas no solo reflejó descontento, sino también un mecanismo de defensa frente a la erosión del tejido social y productivo en la región.


































