Impulsa una edición que apuesta por la interculturalidad, revitalización lingüística y el encuentro comunitario
YUSETT YÁÑEZ/PORTAVOZ
El arte y la memoria zoque regresan a las calles. Del 17 al 23 de noviembre, el Festival Joyonaque celebrará su edición número 17 con una programación que recorrerá Tuxtla Gutiérrez, Berriozábal y diversas comunidades originarias. Este encuentro cultural, consolidado ya como un referente de identidad para el pueblo zoque, vuelve con una propuesta itinerante que busca conectar a la sociedad con sus raíces y visibilizar la riqueza de una lengua y un territorio que resisten al olvido.
Desde su creación en 2008, el Joyonaque ha reunido a creadores, docentes, estudiantes, artistas tradicionales y colectivos comunitarios. Si bien enfrentó pausas por la pandemia y ajustes administrativos, el festival se ha mantenido vivo gracias al impulso de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas (Unicach), institución que encabeza nuevamente la organización y que ha adoptado la interculturalidad como uno de sus ejes formativos prioritarios.
El director de Extensión Universitaria, Roberto Hernández Soto, explicó que la universidad no solo participa como sede, sino que asume un compromiso activo con la preservación lingüística y la visibilización de la cultura zoque.
“Nos estamos convirtiendo en una universidad que atienda también la interculturalidad… la universidad también va a estar en zoque, estamos aprendiendo zoque… nuestra señalética, nuestros eventos, todo se hará también en lengua zoque… darle ese lugar a nuestras culturas”, afirmó.
En el área metropolitana de Tuxtla Gutiérrez, donde se concentra una parte significativa de la población zoque, la Unicach busca que los espacios educativos también reflejen esta presencia. La lengua, señaló Hernández, debe vivir en aulas, pasillos y actividades cotidianas, no solo en festivales.
“Vamos en 17 años… tres ediciones aquí en la universidad… y ahora queremos llegar a la sociedad. Este festival se hace en Tuxtla, en Berriozábal… lo sacamos a las calles, al parque”, agregó.
El Joyonaque se ha convertido en un ramillete simbólico donde convergen arte, comunidad e identidad. Ese ramillete que integra elementos diversos para formar unidad representa la filosofía del festival: sumar voces, talentos y memorias dispersas en torno a un mismo propósito.
Jorge Iván Ramos, colaborador del festival, destacó que la continuidad del evento ha sido posible gracias a un esfuerzo colectivo.
“Afortunadamente la universidad lleva 13 años realizándolo continuamente… la rectoría que fungió como Palacio del Arte acogió este festival… y en esta edición resaltamos las iniciativas de agrupaciones de Berriozábal, Ocozocoautla y Copoya, que colaboran con nosotros”, explicó.
Estas alianzas han permitido que el Joyonaque trascienda el campus universitario y se desarrolle también en plazas públicas, barrios y espacios comunitarios. La idea es regresar el arte a los territorios zoques y propiciar que las personas sean protagonistas, no solo espectadoras.
Durante siete días, el público podrá disfrutar de presentaciones de teatro, danza tradicional, música contemporánea y ceremonias comunitarias, además de talleres, conversatorios y actividades para todas las edades. Cada sede contará con programación propia que dialoga con las tradiciones locales y con las expresiones contemporáneas del arte zoque.





































