El sector secundario perdió más de 80 millones de dólares en un año, mientras los servicios apenas crecieron
CARLOS RUIZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
El desplome del 97.5 por ciento de la inversión extranjera directa (IED) durante el primer trimestre de 2025 encendió las alertas en Chiapas, no solo por la magnitud de la caída, sino por lo que representa, un quiebre en la confianza de los capitales externos que habían sostenido parte del dinamismo económico del estado. Lo ocurrido no es un bache aislado, sino un retroceso que reconfigura las expectativas de crecimiento para los próximos años.
El derrumbe se explicó, en parte, por la desaparición casi total de la reinversión de utilidades, un indicador que suele reflejar la confianza de las empresas ya instaladas. Pasar de más de 77 millones de dólares en 2024 a apenas 2.29 millones en 2025 reveló que la duda ya no proviene de nuevos inversionistas, sino de quienes antes apostaban por permanecer. Según la Secretaría de Economía federal, la reinversión representa, a nivel nacional, más del 40 por ciento del total de la IED, por lo que su colapso en la entidadevidenció una ruptura estructural.
La contracción del sector secundario profundizó la crisis, industrias clave como manufactura, minería y construcción perdieron más de 80 millones de dólares en un solo año. Esto se alinea con una tendencia nacional, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, la actividad industrial en el país tuvo una caída anual del 0.7 por ciento, lo que afectó a entidades con estructuras productivas frágiles. En este contexto, la ausencia de nuevas inversiones en la comarca durante 2025 subrayó que no solo se perdió capital, sino que no llegó nadie a sustituirlo.
Aun con un ligero repunte en servicios, la recuperación no compensa el deterioro general. El sector terciario en México aportó 63 por ciento del Producto Interno Bruto nacional, según el Banco de México, pero en estados con baja diversificación, su crecimiento marginal no basta para absorber el impacto industrial. La retirada de inversionistas tradicionales como España y Brasil, sumada a la participación mínima de Estados Unidos, refleja un retraimiento internacional que contrasta con el incremento global de IED.
Este panorama sugirió que la región no enfrenta solo un ciclo negativo, sino una pérdida sostenida de competitividad durante seis años, al acumular una caída de más de 162 millones de dólares desde 2019. Para especialistas, el desafío no será atraer nuevos proyectos de golpe, sino reconstruir un clima de certidumbre que permita que los actores que se marcharon reconsideren su salida.






































