A la pérdida de rendimiento se suma la baja en el precio de venta del litro del lácteo, que retrocedió de 11 a nueve pesos
CARLOS RUIZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
La ganadería en la región de Tonalá entró antes de tiempo en un ciclo crítico, la reducción de hasta 40 por ciento en la producción de leche dejó de ser un escenario previsto para inicios de 2026 y se convirtió en una realidad que tomó por sorpresa a los productores. Aunque la temporada de lluvias concluyó hace apenas unas semanas, el suelo se secó con una rapidez inusual, lo que generó una presión inmediata sobre las praderas que suelen sostener los sistemas de alimentación.
La falta de humedad no solo afectó la disponibilidad de zacate; también alteró la recuperación de los suelos y modificó el metabolismo del ganado, que requiere pastos frescos para mantener su rendimiento. Productores que durante el temporal lograban obtener alrededor de 100 litros diarios ahora apenas alcanzan los 70, un retroceso que coincide con patrones nacionales, según el Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera, la producción nacional de leche fresca disminuye entre 12 por ciento y 18 por ciento cada vez que las sequías se adelantan.
A este escenario se suma la presión económica interna. Los dueños de queserías comenzaron a reducir el precio de compra por litro bajo el argumento de que el producto pierde consistencia cuando proviene de vacas sometidas a estrés hídrico. De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, la actividad ganadera aportó 31 por ciento del valor total del sector primario en el estado, por lo que un ajuste de precios a la baja impacta en la estabilidad financiera de pequeñas y medianas unidades de producción.
La vulnerabilidad se amplificó con otro riesgo, los incendios. Con más de ocho mil hectáreas agropecuarias afectadas al año por incendios en la entidad, según reportes de la Comisión Nacional Forestal, los ganaderos temen que un siniestro temprano termine con lo poco que aún queda de pastizales.
Mientras tanto, los productores insistieron en que esta situación debe motivar una revisión profunda del manejo hídrico y de los sistemas de almacenamiento de forraje. Estudios del Servicio Meteorológico Nacional indicaron que la región experimentó una reducción de 24 por ciento en acumulación de lluvia respecto al promedio de los últimos 10 años, una señal que anticipa temporadas secas más largas y más agresivas. Para los ganaderos, la prioridad ahora es resistir el cierre del año sin perder el hato y sin que la caída en la producción se vuelva irreversible.





































