Colectivos y familias de víctimas demandaron acciones reales, protección efectiva y no repetición de los casos
YUSETT YÁÑEZ/PORTAVOZ
En las calles de Tuxtla Gutiérrez resonó los gritos de justicia, durante la marcha del 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Decenas de mujeres acompañadas por colectivas feministas, organizaciones civiles y familiares de víctima partieron desde la Diana Cazadora para recorrer la capital chiapaneca con un mensaje contundente la violencia no se olvida, no se perdona y no se repite.
Desde antes de las cuatro de la tarde, los contingentes comenzaron a concentrarse en la emblemática glorieta. Carteles, pañuelos, consignas y fotografías de víctimas formaron un corredor de memoria que marcó el inicio de una movilización que, cada año, exige al Estado respuestas claras ante la violencia feminicida que continúa en aumento.
Los gritos de “¡Ni una más!”, “¡Vivas nos queremos!” y “¡Justicia para nuestras hermanas!” acompañaron el recorrido por la Avenida Central hacia el Parque Central, donde se realizó un mitin para visibilizar la magnitud de la crisis. La marcha avanzó con organización colectiva, acompañamiento de brigadas de seguridad feminista y presencia de familiares que cargaban las imágenes de mujeres asesinadas en distintos municipios del estado.
En lo que va del 2025, Chiapas registra 28 feminicidios, de acuerdo con agrupaciones civiles que documentan estos casos ante la falta de cifras actualizadas por parte de instituciones oficiales. La entidad ha figurado repetidamente entre los estados con mayor incidencia de violencia letal contra mujeres, lo que refuerza la urgencia de acciones más firmes y coordinadas.
A nivel nacional, la violencia contra las mujeres sigue siendo una emergencia constante, más de 10 mujeres son asesinadas cada día en el país, según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública. Además, más del 70 por ciento de las mujeres mexicanas ha experimentado algún tipo de violencia a lo largo de su vida, ya sea emocional, física, sexual o económica, de acuerdo con la última Encuesta Nacional sobre Dinámica en las Relaciones en los Hogares.
Durante el mitin final en el Parque Central, las colectivas denunciaron que, aunque existen leyes y protocolos, la falta de presupuesto, la escasez de personal especializado y la revictimización en las instituciones siguen siendo obstáculos para acceder a justicia. También señalaron fallas en las medidas de protección para mujeres que han denunciado violencia, así como la ausencia de programas efectivos de prevención en comunidades urbanas y rurales.
Familiares de víctimas tomaron el micrófono para recordar a sus hijas, hermanas y madres. Entre lágrimas, relataron procesos largos, dolorosos y cargados de indiferencia institucional. Para muchas familias, los casos permanecen en carpetas sin avances, sin detenidos o reclasificados como homicidios simples, pese a presentar elementos de violencia feminicida.
Las colectivas exigieron justicia para cada una de estas mujeres y demandaron garantías para que ninguna otra sufra el mismo destino. Entre los puntos principales del pronunciamiento final se incluyeron fortalecer las fiscalías especializadas, mejorar los refugios para mujeres en riesgo, implementar campañas de prevención permanentes, y establecer políticas públicas de largo plazo enfocadas en erradicar la violencia estructural.
La movilización de este 25N fue también un acto de memoria. Cada nombre leído en voz alta representó una historia truncada, una lucha que continúa y una deuda del Estado con las mujeres chiapanecas.











































