Denunciaron presiones económicas, políticas y militares que buscan reconfigurar sus territorios sin su consentimiento
IVÁN LÓPEZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
En Los Altos de Chiapas, Movimiento en Defensa de la Vida y el Territorio (Modevite), volvió a colocar en la conversación pública un reclamo que el Estado mexicano evitó asumir de fondo, el respeto pleno a la autodeterminación y a los sistemas normativos indígenas. Su aniversario número 12 no fue un acto conmemorativo, sino una advertencia de que la disputa por el control del territorio continúa en un estado donde casi tres de cada 10 habitantes hablan una lengua originaria, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía.
El movimiento insistió en que las presiones sobre sus tierras ya no se presentan solo como megaproyectos de infraestructura, sino como una red más compleja de intereses económicos, programas oficiales y decisiones administrativas que modifican sin consulta real la vida comunitaria. Mientras tanto, indicadores federales mostraron que más del 60 por ciento de los territorios indígenas enfrenta presiones extractivas, un escenario que reveló la asimetría entre los compromisos gubernamentales y la realidad que viven las comunidades.
Desde San Juan Cancuc, las autoridades comunitarias advirtieron que planes como la denominada “Ruta de las Culturas Mayas” avanzan bajo criterios externos que no consideran los sistemas normativos propios. Para Modevite, esa imposición reproduce viejos patrones coloniales que alteran montañas, manantiales y espacios rituales. Investigaciones ambientales estimaron que México pierde más de 150 mil hectáreas de bosques cada año, situación que incrementa la vulnerabilidad de los pueblos que dependen de los ecosistemas altoserranos.
El clima de hostigamiento que denunciaron no es un señalamiento aislado. La Comisión Nacional de Derechos Humanos ha documentado que las personas defensoras del territorio están entre los grupos con mayor riesgo de agresión, una condición que se agrava en la comarca ante el avance de grupos armados y el uso político de programas sociales.
Al cerrar su jornada, Modevite recordó que su lucha se sostiene en la memoria histórica y en la convicción de que la autonomía no es un privilegio, sino un derecho originario. La evocación de la Rebelión de Cancuc de 1712 no busca anclarse al pasado, sino subrayar que la defensa del lekil kuxlejal sigue vigente ante megaproyectos, concesiones y criminalización.






































