Prepara espiritualmente a los fieles para Navidad mediante reflexión, oración y símbolos como la corona y posadas
YUSETT YÁÑEZ/PORTAVOZ
Este 30 de noviembre marca el inicio del Adviento, un periodo central dentro de la vida espiritual de la Iglesia Católica que además abre oficialmente un nuevo año litúrgico. Durante cuatro semanas, los fieles se adentran en un tiempo de preparación interior que culminará el 25 de diciembre con la celebración del nacimiento de Jesús. Lejos de ser solo una tradición, el Adviento es considerado un camino que fortalece la fe, renueva la esperanza y orienta la vida comunitaria.
El vicario misionero del Espíritu Santo, Luis Enrique Sánchez, explicó que el Adviento es la puerta de entrada a un recorrido espiritual que se repite cada año, pero que invita a una renovación constante. “Cada año la Iglesia recorre un camino que se llama año litúrgico […] el domingo pasado terminó el anterior año litúrgico con la fiesta de Cristo Rey y este domingo comienza un nuevo año litúrgico con el domingo primero de Adviento son cuatro semanas, es decir, cuatro domingos de Adviento que preceden al nacimiento de Jesús”, señaló.
En este tiempo, la Iglesia propone a los fieles redescubrir el sentido de la espera, alejándose del ritmo acelerado de la vida cotidiana para abrir espacio a la reflexión y la oración. El Adviento no solo anticipa la Navidad, sino que invita a preparar el corazón para el encuentro con Jesús, tanto en su nacimiento como en la vida diaria.
Entre los elementos más representativos de este periodo se encuentran las posadas y la tradicional “novena”, prácticas que refuerzan la espiritualidad comunitaria. Sánchez detalla que estos días tienen un lugar especial dentro del tiempo litúrgico.
“Estamos aquí preparándonos para la Navidad y con estas cuatro semanas de preparación que tienen como momento más importante la novena que precede a la Navidad y que nosotros la conocemos como las posadas. Nueve días antes del nacimiento de Jesús, es decir el 16 de diciembre, se comienza la novena con la primera posada, pero eso cae dentro de este tiempo de Adviento”.
La corona de Adviento es quizá el símbolo más visible en templos y hogares. Elaborada tradicionalmente con ramas de pino o cedro, representa la vida, la unión y la esperanza. A ella se integran cuatro velas que se encienden cada domingo, iluminando paso a paso el camino hacia la Navidad. “Es un signo que es una corona generalmente de ramas de pino tiene un tinte de fiesta porque estamos preparados para una fiesta. Tiene cuatro velas y cada vela significa uno de los cuatro domingos de Adviento. Cada domingo se enciende una vela y con eso uno va teniendo en cuenta en qué semana está”, explicó el vicario.
El encendido de la primera vela este 30 de noviembre marcará el arranque formal de este ciclo espiritual. En parroquias, comunidades y familias, el Adviento se vive como una invitación a renovar la fe, a fortalecer los lazos comunitarios y a prepararse con alegría para la llegada de Jesús. Se trata de un tiempo de espera activa, en el que cada gesto desde una oración familiar hasta el canto de una posada recuerda el verdadero sentido de la Navidad.
Para la Iglesia, este nuevo año litúrgico abre también la oportunidad de revisar el camino recorrido y comprometerse de nuevo con el mensaje de esperanza que representa Jesús.











































