Por Omar Gasca
Por distintas razones las galerías privadas suelen ser para muchos artistas objeto de una mirada que combina reverencia y recelo, cautela y respeto, y que termina interpretándolas como espacios difíciles, vedados o semiprohibidos. En buena medida el hecho se debe a una percepción mítica y peliculesca de ellas, que involucra fantasiosas exigencias o caprichos desmedidos, al tiempo que con espíritu romántico se ignora que actúan como negocios, porque eso son.
En esos casos, el artista se inhibe o, para decirlo vulgarmente, “se achica” porque, además, gravita en él un sentimiento culposo acerca de las negociaciones que implican dinero. Entonces, no se acerca.
Pero además de la inhibición, hay otras variables: el artista no tiene obra, o no tiene fotografía de ella, o tiene obra, pero es de baja y hasta pésima calidad, o no sabe presentar su trabajo, ni argumentarlo, o es impuntual a la hora de las citas, o presenta información incompleta o desaseada, o, en fin, opera sin profesionalismo, que en suma refiere a disciplina, previsión, planeación, organización y administración, no solo respecto a su producto sino al entorno que abarca también la distribución y el consumo, este emocional, intelectual y material, es decir, económico.Relacionarse e informarse son dos tareas permanentes, básicas, que hay que agregar, y no sobra la de estar atento a los signos sociales, políticos, económicos, históricos.
Aunque eventualmente la galería puede exhibir a un artista emergente, sin esperanza de ventas y solo por contribuir a posicionarlo, lo común es que se interese en quien puede representarle ingresos, por varios factores, entre otros fama, trayectoria, capital simbólico (lo que se dice de él o, en términos de Bourdieu, la “legitimidad reconocida”), calidad, peculiaridad, coincidencia con las tendencias vigentes y círculo de influencia, es decir mercado, efectivo y potencial.
Las galerías tienen preferencias, directrices o políticas y público objetivo o mercado meta, grupos identificados por sus características demográficas (edad, género, ingresos…) y psicográficas (intereses, hábitos…) como los más propensos a adquirir el tipo de obra que se ofrece. Por ello, es importante que el artista conozca el perfil de las galerías y reconozca cuáles armonizan con la tipología o propiedades de su obra, incluido el precio, mismo que debe estar fundamentado en el historial del artista: exposiciones, coleccionistas, críticas, premios, becas… Debe, además, saber cómo dirigirse a aquellas y cómo presentar imágenes y textos, y tener claridad en sus conceptos y posturas y entender de calidades de enmarcado y de porcentajes. No es mala esa vieja idea: “No hay una segunda oportunidad para una primera impresión”.
Hay galerías privadas que rentan el espacio, pero la mayoría funciona con porcentajes que pueden ir del 30 al 60, de acuerdo a distintas consideraciones. Las galerías tienen gastos fijos y variables, directos e indirectos y, por supuesto, en tanto negocios, proyectan utilidades. Al margen del aprecio artístico y estético de la obra de arte, el galerista busca ver en ella un objeto con valor de cambio, es decir vendible o comercializable. No siempre la ecuación funciona: puede haber calidad y la obra no se vende, y viceversa, porque la cultura y los gustos de los públicos, frecuentemente conducidos por rumores y creencias, son determinantes, así como la capacidad adquisitiva.
En las negociaciones, además de precisar fechas respecto a una exposición, artista y galerista deben acordar los porcentajes, la forma y tiempos de pago, los tiempos de entrega y retiro de la obra y todas las variables que corresponden a embalaje, seguros, textos de sala, cédulas, coctel, boletines de prensa, medios y plataformas de difusión.
Hay ese otro tipo de artista, claro, al que la galería no le importa, o bien que sabe que lo que hace no es vendible ni adecuado para esa clase de espacios. Aunque la galería no es el ámbito exclusivo de la obra ni necesariamente la pieza central del ecosistema artístico, para muchos creadores es un atractivo lugar para la promoción de su trabajo.
De estos temas y otros afines, presentando algunos casos, Manuel Velázquez y quien suscribe estas líneas charlaremos en “Que valora el galerista”, el viernes 19 de diciembre, de 18 a 20 horas, en línea.




















































