Su uso está cambiando la manera de sembrar, fertilizar y fumigar, permitiendo ahorrar insumos y aumentar la productividad
YUSETT YÁÑEZ/PORTAVOZ
En Chiapas, donde el campo continúa siendo uno de los principales motores económicos y sociales, la tecnología comienza a modificar prácticas que durante décadas se realizaron de manera manual. Entre cafetales, parcelas de maíz y plantaciones de plátano o mango, una nueva herramienta surca el cielo, los drones agrícolas, dispositivos que hoy se consolidan como aliados estratégicos para los productores.
Lejos de ser una innovación futurista, el uso de drones en la agricultura chiapaneca es ya una realidad. Especialistas señalan que esta tecnología se emplea desde hace varios años, principalmente para labores de fumigación y aplicación de fertilizantes, con resultados cada vez más visibles en la eficiencia y rentabilidad del campo, así lo dio a conocer José Andrade, agrónomo en Chiapas.
“Es una tecnología que no es nueva, ya se está actuando desde hace más de tres años. Obviamente para hacer el trabajo más eficiente en el caso de las fumigaciones en los campos agrícolas”.
Los drones agrícolas forman parte de lo que se conoce como agricultura de precisión, un modelo que busca optimizar recursos mediante la aplicación exacta de insumos. En un estado como Chiapas, que se ubica entre los primeros lugares nacionales en la producción de café, plátano, mango y maíz, esta tecnología comienza a marcar una diferencia significativa, sobre todo en parcelas medianas y grandes.
A diferencia de los métodos tradicionales, donde el uso de mochilas aspersoras o tractores puede generar desperdicio de agua y agroquímicos, los drones permiten programar con exactitud la cantidad de líquido que se aplicará por hectárea, logrando una distribución uniforme.
“Es una tecnología que catalogamos dentro de agricultura de precisión porque es muy exacto el volumen de líquido que se va a aplicar en los cultivos… si tú le pones a este equipo que te fumigue en una hectárea de cultivo 50 litros, los 50 litros te lo va a dividir exactamente en toda la hectárea”.
De acuerdo con especialistas del sector agropecuario, el uso de drones puede representar una reducción de hasta 30 por ciento en el consumo de agua y hasta 40 por ciento en el uso de agroquímicos, en comparación con los métodos convencionales. Estos ahorros no solo impactan positivamente en los costos de producción, sino que también contribuyen a prácticas más sustentables y amigables con el medio ambiente.
Otro de los beneficios es la rapidez. Un solo dron puede cubrir entre 10 y 15 hectáreas por día, una labor que anteriormente requería cuadrillas completas durante largas jornadas. Además, al disminuir la exposición directa de los trabajadores a los químicos, se reducen los riesgos a la salud, uno de los principales problemas en el trabajo agrícola.
“Tenemos beneficios como ahorro de insumos… hoy en día la mano de obra ya es muy escasa… esto viene a suplir precisamente la falta de mano de obra… ahorras costos y maximizas rendimiento”.
La escasez de trabajadores es uno de los retos más grandes que enfrenta el campo chiapaneco. La migración, el envejecimiento de la población rural y el desinterés de las nuevas generaciones por las labores agrícolas han dejado parcelas con menos manos disponibles. En este contexto, los drones surgen como una alternativa para mantener la productividad sin depender exclusivamente de la fuerza laboral tradicional.
Contrario a lo que podría pensarse, el manejo de estos equipos no es exclusivo de especialistas en tecnología. Con una capacitación básica, los productores pueden aprender a operarlos, programarlos y darles mantenimiento, lo que facilita su adopción en comunidades rurales.











































