La necesidad económica empuja a niñas y niños a incorporarse temprano a actividades remunerativas
CARLOS RUIZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
En Chiapas, la infancia que debería dedicarse a su desarrollo académico, ve truncada sus oportunidades por turnos laborales que se alargan más allá de lo razonable. Jornadas que superan las 14 horas se han vuelto parte de la cotidianidad para miles de niñas y niños que intercambiaron la escuela por el trabajo, no es una elección individual, sino una consecuencia directa de la pobreza estructural y la ausencia de políticas eficaces que protejan a la niñez frente a la urgencia económica.
Según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, el 73.9 por ciento de niñas, niños y adolescentes en la comarca vive en condiciones de pobreza, y más del 30 por ciento en pobreza extrema, en ese contexto, el trabajo infantil deja de verse como una violación de derechos y se normaliza como estrategia de supervivencia familiar, la extensión de las jornadas no es accidental, puesto que responde a la necesidad de maximizar ingresos, incluso a costa del desarrollo infantil.
La sobrecarga laboral tiene efectos medibles, algunos datos de la Encuesta Nacional de Trabajo Infantil 2019 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, señalaron que más del 40 por ciento de menores que trabajan presentan rezago educativo, mientras que uno de cada cinco abandona de manera definitiva su formación escolar. Las horas destinadas al trabajo desplazan el aprendizaje, el descanso y el juego.
La Comisión Nacional de Derechos Humanos ha advertido que el trabajo doméstico intensivo no remunerado es una de las formas más invisibles de explotación infantil, en especial en estados con alta marginación. A nivel nacional, el 58 por ciento de las niñas trabajadoras realiza labores domésticas extensas, una carga que en la región se traduce en jornadas acumuladas que rebasan cualquier límite saludable, aunque no figuren en registros formales.
El resultado es un círculo que se repite, dado que, según la Secretaría de Educación Pública, el estado se mantiene entre las entidades con mayor abandono escolar en secundaria, con tasas cercanas al ocho por ciento, muy por encima del promedio nacional, jornadas laborales de más de 14 horas hoy anticipan empleos precarios, en el territorio, el tiempo de la infancia se consume en el trabajo, y cada hora extra profundiza una desigualdad que empieza demasiado pronto.











































