La banda entiende el crecimiento como una decisión artística. Su nuevo álbum condensa talento, intuición y una identidad cada vez más firme
CARLOS RUIZ/PORTAVOZ
La banda 1960 no volvió para repetir la fórmula, pues con su álbum “Americano”, la agrupación chilena se plantó desde un lugar más consciente, más preciso y con una seguridad que no necesita alzar la voz. Hay una intención clara de decir menos y significar más, de confiar en la canción como espacio de verdad y no como simple escaparate de energía juvenil.
Este nuevo álbum funciona como una declaración de madurez creativa. Lejos de la urgencia del debut, el grupo apuesta por decisiones meditadas, arreglos que respiran y una narrativa que se sostiene por su honestidad. “Americano” no busca impresionar de inmediato; prefiere quedarse, avanzar con calma y dejar huella.
El talento de 1960 se manifiesta en su capacidad para leerse a ellos mismos. Entienden cuándo avanzar, cuándo frenar y cuándo dejar que el silencio complete la idea. Esa intuición colectiva se traduce en un disco compacto, pensado como un recorrido emocional que con ocho canciones revela a una banda en pleno control de su identidad.
Hay también un carisma que atraviesa el álbum. No se impone, se filtra y está en las decisiones estéticas, en la colaboración precisa, en la manera en que cada elemento suma sin robar protagonismo. Americano se siente como un proyecto cuidado, hecho desde la convicción y no desde la prisa.
Por ello, 1960 habla de ese proceso, del cambio, de las dudas que fortalecen y de la claridad que llegó después del desgaste. “Americano” es el reflejo de una banda que entendió que crecer no es perder intensidad, sino aprender a dirigirla.
Ahora vienen promocionando su álbum “Americano”. Cuéntenme, ya con el disco terminado y publicado, ¿cómo se sienten en este momento? “Nos sentimos muy contentos con el resultado. Fue un trabajo largo y cuidadoso, y hoy verlo afuera genera mucha satisfacción. Americano salió a principios de diciembre y ahora estamos en una etapa distinta, más constante, que tiene que ver con la prensa y con empezar a proyectar el año. Estamos pensando el 2026 como un periodo para salir a tocar, mover el disco y tratar de presentarlo en todas las ciudades que podamos cuando se dé la oportunidad”, mencionaron.
Muchas veces lo más difícil viene después de terminar el disco. ¿Cómo han vivido esa etapa de difusión y planeación? “Es un desafío grande. Al ser una banda independiente, los recursos siempre son limitados y eso obliga a agudizar el ingenio. Hay que jugar con lo que se tiene y tratar de hacer mucho con poco. La idea es que el disco llegue a la mayor cantidad de personas posible, hacer ruido con las herramientas que están a nuestro alcance y no soltar el proceso”, contestaron.
Existe una idea muy romantizada sobre el camino musical, como si todo fluyera solo. ¿Qué opinan sobre ello? “Sí, muchas personas creen que hacer música es sencillo, que basta con subir canciones a plataformas y esperar que algo pase. La realidad es muy distinta. Es una carrera de resistencia, un trabajo arduo donde tocar puertas es parte del día a día. A veces cuesta incluso que alguien escuche tu proyecto completo, y eso no siempre se dice”, explicaron.
Justamente por eso, asistir a eventos de networking parecen tan importantes, nunca sabes a quién vas a conocer o quién se sumará a tu proyecto para potenciarlo. “Totalmente. Son espacios necesarios, aunque también complejos. Muchas veces te encuentras con personas que ya han escuchado a cinco o seis bandas antes que tú, y están saturadas. Ahí la música pasa casi a segundo plano y lo importante es saber cómo entrar en la conversación y cómo conectar desde otro lugar”, afirmaron.
¿Entonces no todo pasa por la canción? “Claro. La música termina llegando después. Antes hay experiencias, diálogos, afinidades humanas. A veces conectas con alguien no por una canción específica, sino por una conversación honesta, por compartir una visión similar de las cosas”, respondieron.
¿Cómo ha sido para ustedes aprender a moverse en estos espacios de industria? “Este año ha sido revelador para nosotros. Como músicos, uno empieza aprendiendo a tocar un instrumento, luego a componer, a grabar, a tocar bien en vivo. Pero entender cómo funciona la industria musical es otro proceso distinto. Llegar a este punto se siente como una etapa intermedia, donde empiezas a ver el panorama completo”, expresaron.
Entrando en el disco, “Americano” se siente muy íntimo. ¿Cómo nació ese proceso? “Fue un trabajo muy personal y muy casero. Cuando nos referimos a casero, queremos decir que viene desde la intimidad, desde la casa. Ahí partimos con dos o tres ideas que poco a poco fueron creciendo. En paralelo empezamos a trabajar con Diego Peralta, a quien le enviábamos maquetas muy simples y fue él quien nos ayudó a tener un resultado increíble”, aseguraron.
¿Cómo fue ese intercambio con Diego como productor? “Fue muy bonito y muy profesional. Nosotros le mandábamos demos muy humildes y él respondía con una lectura muy clara de lo que queríamos. Transformaba una maqueta de guitarra acústica en algo que ya se parecía mucho al tema final. A veces incluso agregaba partes nuevas o sugería cambios de tiempo que terminaban elevando el potencial de la canción”, destacaron.
El proceso fue largo. “Sí, tomó casi dos años. No fue algo apresurado. Las canciones fueron encontrando su forma con tiempo, con prueba y error, hasta llegar a las ocho canciones que conforman el disco”, dijeron.
Son cuatro integrantes, pero el productor termina siendo una figura clave. “Muy cierto y en nuestro caso, fue una pieza fundamental para el disco, a pesar de que nuestra comunicación fue a distancia y entre distintas ciudades. Eso lo hizo más complejo y un reto, porque no estás en el estudio todo el tiempo, pero aun así se logró una conexión muy fuerte”, puntualizaron.
Al tener canciones de autoría propia. ¿Qué tan difícil fue soltar las canciones para ustedes y permitir que alguien más aportara a ellas? “Muchísimo. Es una pregunta que siempre aparece y nos preguntábamos sobre qué tan dispuestos estábamos a soltar nuestras ideas. Cuando alguien externo llega y desarma lo que hiciste, puede remover cosas internas. Pero aquí hubo una simetría muy sana. La confianza fue clave y el ego no se interpuso”, añadieron.
Al final, el resultado habla por sí solo. “Sí, porque soltar también es parte del crecimiento. Una mirada externa siempre ayuda a llevar las canciones más lejos de lo que uno imagina solo”, argumentaron.
Pasemos a su sencillo “Destrucción”. Hubo una frase de la canción que dice “es tan difícil caminar con tantas dudas” es muy potente. ¿De qué forma han lidiado con las dudas como banda? “Las dudas están todo el tiempo. Personalmente, hemos pasado por momentos difíciles en estos últimos años, incluso alejándonos un poco de la música por diversas cuestiones. Sin embargo, la banda ha funcionado como un espacio que no ha ayudado a revitalizarnos y volver a conectar con ese fuego interno.
Además, aprendes a convivir con las dudas. No desaparecen, pero se reorganizan. Al escuchar a otras personas y compartir experiencias, uno empieza a entenderlas desde otro lugar”, enfatizaron.
“Capibara” es una canción que rompe con ese tono más introspectivo. ¿Cómo nació la idea de montar un sencillo de este tipo y montar un video tan divertido? “Dentro del concepto del disco, era la canción más luminosa. Queríamos pasarlo bien y no tomarnos las cosas tan en serio. La idea era disfrutar y jugar un poco con el contraste en este álbum.
Además, grabar en pantalla fue increíble. Grabamos con la gente de No Me Olvides Producciones y lo único que pedimos fue muchas explosiones y muchos capibaras. Fue una experiencia muy divertida”, recordaron.
Otra canción que destaca es “Siempre Vuelvo Acá”. Hay otro verso que dice “Hago mi propio camino al infierno. ¿Cómo ha sido trazar su propio camino musical desde que se formaron? “Desde nuestra experiencia ha sido mágico, ahorita la banda cruza por un buen momento y la verdad que, aunque no todos coincidimos al mismo tiempo en la creación de la agrupación, la suma de nuevo talento ha refrescado nuestra esencia. En resumen, nos hemos hecho más unidos, somos más sólidos, pero más maduros. Desde el inicio hasta el momento actual ha sido una aventura y decidimos continuar”, precisaron.
Una vez que el álbum “Americano” salió, ¿qué parte de 1960 quedó atrás? “Creemos que con Americano se cierra una etapa bastante clara de la banda. Si bien no nos gusta encasillar demasiado, probablemente dejamos atrás una faceta más popera, una forma de entender las canciones desde estructuras o energías más evidentes. Este disco fue muy directo al trabajo de producción junto a Diego Peralta y respondió a una lógica específica, muy definida, que hoy sentimos completada”, recalcaron.
¿Qué se viene ahora para la banda? “Dentro del mismo álbum hay un pequeño adelanto. La canción que cierra el disco, “Americano 2”, funciona como un guiño. No es casual que esté ahí ni que tenga ese nombre. Es una especie de pista, una ventana hacia un sonido o una forma de trabajar que todavía no está desarrollada, pero que ya empieza a asomarse. No es una promesa cerrada, sino una intuición de hacia dónde podrían ir las futuras canciones”, señalaron.
¿Podría decirse que “Americano” fue una etapa necesaria para llegar a ese punto? “Sí, completamente. Fue una etapa muy importante, muy formativa. Nos permitió entender mejor quiénes somos, cómo funcionamos y qué queremos soltar. Ahora sentimos que estamos en condiciones de encarar lo que viene con más claridad y menos ansiedad”, culminaron.











































