Constituye un símbolo de identidad cultural y un legado milenario que ha acompañado el desarrollo de los pueblos originarios
ARGENIS ESQUIPULAS/PORTAVOZ
La gastronomía mexicana ha sido, desde tiempos ancestrales, un referente mundial por la intensidad de sus sabores y por el carácter distintivo de su picor. El chile, más que un ingrediente, constituye un símbolo de identidad cultural y un legado milenario que ha acompañado el desarrollo de los pueblos originarios de Mesoamérica. Se estima que las primeras variantes de chile comenzaron a utilizarse hace más de ocho mil años, cuando fue domesticado junto con otros cultivos fundamentales como la calabaza, el frijol y el maíz, sentando las bases de la alimentación mexicana.
En la actualidad, esta herencia agrícola continúa evolucionando gracias a proyectos que combinan tradición, innovación tecnológica y visión empresarial. Un ejemplo de ello se encuentra en el estado de Chiapas, donde el cultivo del chile habanero, perteneciente a la especie Capsicum chinense, ha encontrado condiciones propicias para su desarrollo y expansión, impulsado por una creciente demanda en los mercados nacional e internacional.
Con el propósito de conocer de cerca esta actividad agropecuaria, la Oficina de Representación en la Entidad Federativa (OREF) de Chiapas realizó un recorrido por los viveros de chile habanero que integran el centro de producción Corpus Christi Agricultura Tecnificada, ubicado en la localidad Emiliano Zapata, perteneciente al municipio de Chiapa de Corzo. La visita fue encabezada por el titular de la OREF, Obilfrido Gómez Álvarez, acompañado por su equipo de trabajo, quienes fueron recibidos por el propietario del centro, Héctor Fabián Olguín Ruiz, así como por parte de su equipo administrativo.
Durante el recorrido, se constató que detrás de cada invernadero existe una historia de esfuerzo, planeación y apuesta por el campo mexicano. Si bien se presume que el chile habanero tiene su origen en América del Sur, específicamente en la cuenca amazónica, fue en la península de Yucatán donde encontró las condiciones agroclimáticas ideales para desarrollarse plenamente.
Con el paso del tiempo, su sabor intenso, aroma característico y alto nivel de picor lo posicionaron como uno de los chiles más valorados a nivel mundial.
Derivado de esta alta demanda, el Capsicum chinense se ha convertido en una opción atractiva para productores que buscan estabilidad económica y proyección a largo plazo. Tal fue el caso de Héctor Fabián Olguín Ruiz, quien tomó la decisión de invertir en la agricultura tecnificada y comenzar la construcción de los primeros invernaderos de chile habanero en Chiapas.
UNA HISTORIA CON PICOR Y ÉXITO
La historia de Corpus Christi Agricultura Tecnificada inició a partir de la experiencia personal de su fundador. Olguín Ruiz, empresario con más de tres décadas de trayectoria en distintos sectores, relata que el detonante de este proyecto surgió durante un viaje a California, Estados Unidos, donde tuvo la oportunidad de conocer invernaderos altamente tecnificados. La eficiencia de los procesos productivos y el uso estratégico de la tecnología lo dejaron impresionado, despertando en él el interés por replicar ese modelo en territorio chiapaneco.
Fue así como, al regresar a México, adquirió tierras con vocación agrícola y comenzó a diseñar un proyecto enfocado en la producción intensiva y sustentable de chile habanero. “El habanero ha tenido un auge enorme y el mercado de exportación es muy grande”, comentó el productor, quien destacó que una de las principales ventajas de este cultivo es su cosecha continua, además de que su precio presenta menor variabilidad en comparación con otros productos agrícolas.
Actualmente, el centro de producción Corpus Christi cuenta con tres hectáreas en operación y se encuentra en proceso de concluir una hectárea y media adicional. A mediano plazo, el objetivo es alcanzar las 10 hectáreas cultivadas en un periodo no mayor a cinco años. En cuanto a infraestructura, actualmente operan tres invernaderos y un cuarto se encuentra en construcción, lo que refleja el crecimiento constante del proyecto.
Cada invernadero alberga alrededor de 20 mil plantas, las cuales generan de manera mensual aproximadamente 10 toneladas de chile habanero de una variedad híbrida denominada PX-11459057. Esta variedad se distingue por su alto rendimiento y calidad, además de presentar un color naranja intenso y brilloso, así como un picor característico que la hace altamente atractiva para el mercado de exportación.
COMPROMISO CON EL MEDIOAMBIENTE
Uno de los pilares fundamentales del proyecto es el cuidado del medioambiente y el uso eficiente de los recursos naturales, particularmente del agua. El centro de producción cuenta con un sistema integral de captación de agua pluvial conformado por siete lagunas y tres canales principales. A través de canaletas instaladas en los invernaderos, el agua de lluvia es recolectada y conducida mediante bajantes hacia los canales, los cuales la dirigen a las lagunas y a un pozo de absorción.
Cuando el pozo alcanza sus niveles máximos, el excedente de agua se libera hacia una zona núcleo donde existe una gran diversidad de flora y fauna silvestre, incluyendo especies como boas, iguanas, garrobos y una amplia variedad de aves. De acuerdo con el productor, aproximadamente el 90 por ciento del agua recolectada es absorbida por el terreno de plantación, lo que contribuye a la recarga natural del suelo y a la sostenibilidad del ecosistema.
El ciclo productivo del chile habanero en estos invernaderos oscila entre las 52 y 72 semanas, dependiendo del manejo y cuidado que se le otorgue a la planta. Una vez concluido este periodo, es necesario retirar el arbusto, dado que su capacidad de producción disminuye y la calidad del fruto se ve afectada.
Una sola planta puede llegar a producir hasta 60 chiles por semana, lo que convierte al manejo sanitario en un aspecto clave del proceso. Para el control de enfermedades y plagas, como la conocida “mosquita blanca”, se emplean métodos de control biológico, evitando el uso excesivo de agroquímicos y garantizando un producto de alta calidad.
Gracias a estos cuidados, los habaneros producidos en Corpus Christi cumplen con los estándares necesarios para su comercialización en mercados nacionales y de exportación. A través de intermediarios, el producto se distribuye en entidades como Puebla, Ciudad de México, Nuevo León, Baja California y Chiapas, consolidando su presencia en diversas regiones del país.
IMPACTO SOCIAL Y TRABAJO COMUNITARIO
Más allá de los indicadores productivos, el impacto social del proyecto se refleja en la generación de empleo y en la mejora de la calidad de vida de decenas de familias. Actualmente, el centro de producción brinda trabajo a cerca de 70 personas, y en el corto plazo se prevé la incorporación de 30 empleados más, lo que permitirá que alrededor de 100 familias dependan directamente de esta actividad agrícola.
“El campo es muy bonito”, expresó Olguín Ruiz, quien destacó la satisfacción de ver cómo un proyecto productivo puede convertirse en una fuente de bienestar para la comunidad. En este contexto, la participación de las mujeres resulta fundamental, especialmente en las labores culturales, que consisten en el cuidado minucioso de las plantas. De acuerdo con el productor, no existe mejor herramienta que las manos femeninas para realizar estas tareas, dada la precisión y dedicación que requieren.
UN FUTURO PROMETEDOR
Con la mirada puesta en el futuro, Héctor Fabián Olguín tiene como prioridad la expansión de la superficie de invernaderos y la diversificación de las actividades productivas. Entre los planes a mediano y largo plazo se encuentra la creación de biofábricas para el aprovechamiento de la biomasa y la elaboración de fertilizantes orgánicos, así como la contribución a programas de reforestación en zonas urbanas.
Asimismo, el productor busca establecer vínculos con instituciones académicas, con la intención de que el centro de producción funcione como un espacio de aprendizaje para quienes decidan vivir del campo y para el campo. “Que esta sea una escuela para las personas que apuestan por la agricultura”, señaló.
Sin duda, la agricultura continuará siendo uno de los pilares fundamentales del sustento nacional. Sin embargo, como concluye Olguín Ruiz, es indispensable hacerla cada día más eficiente, optimizar recursos como el agua y la tierra, y fomentar una mayor inversión en el sector. Los mexicanos, al igual que el chile, somos una mezcla de herencia prehispánica, cultura, tradición e identidad; una combinación perfecta para seguir potenciando los sabores del campo y de la cocina mexicana.




















































