La actriz lleva a la pantalla un papel intenso que combina vulnerabilidad y firmeza frente a la historia de Daniel Arizmendi
CARLOS RUIZ/PORTAVOZ
María Antonieta Hidalgo se ha consolidado como una actriz que entiende el riesgo como parte del oficio. Su carrera no avanza por inercia, sino por elección pues ha tenido la oportunidad de interpretar a personajes complejos, en contextos incómodos y relatos que exigen algo más que técnica. Esa vocación por ir más allá encuentra hoy uno de sus puntos más altos.
En “El Mochaorejas”, serie que se estrenó el 23 de enero por ViX, Hidalgo asumió el papel de Eva Luna, la pareja sentimental de Daniel Arizmendi, una figura marcada por la violencia y el horror de los años 90 en México. Su interpretación se mueve en una zona delicada, donde lo emocional no se explica, se muestra, y donde cada gesto carga con un peso histórico y humano.
María Antonieta construye a Eva Luna desde la contención y la observación. Su trabajo se sostiene en la profundidad psicológica del personaje y en la capacidad de mostrar cómo el entorno, las decisiones y los silencios también narran. Es una actuación genuina porque se siente cercana y real.
La solidez de este proyecto dialoga con una trayectoria que ha cruzado teatro, series y cine, dentro y fuera de México. Hidalgo ha sabido adaptarse a distintas industrias sin perder identidad, al apostar por papeles que exigen compromiso emocional y una lectura inteligente del contexto. Su trabajo se reconoce por la disciplina y la capacidad de sostener personajes desde la honestidad interpretativa. Esa constancia es la que hoy la coloca en un punto de plena madurez artística.
Hoy, frente a uno de los proyectos más retadores de su carrera, María Antonieta Hidalgo no busca protagonismo fácil, sino verdad escénica. “El Mochaorejas” la encuentra lista para sostener una historia dura con precisión y sensibilidad. Su interpretación no busca justificar ni suavizar, sino comprender los pliegues humanos del relato. Ahí radica la fuerza de su presencia, en hacer visible lo incómodo sin perder rigor ni profundidad.
María, hoy se estrena tu serie en ViX, El Mochaorejas. Cuéntame, ¿cómo te sientes en este momento con todo listo para que la vea el público? “Siento una mezcla intensa de emoción y expectativa, porque es un momento que uno imagina durante años. Quiero ver cómo va a recibir la audiencia lo que hemos creado, cómo van a reaccionar a cada escena, a cada emoción. Hasta ahora solo he visto los primeros tres capítulos y ya me atraparon. Estoy muy agradecida con Dios, con ViX, con mi manager, con todo mi equipo, y también con la vida, porque me ha permitido interpretar personajes tan complejos e interesantes, que me retan como actriz y como ser humano”, mencionó.
Tu personaje es complejo y representa a alguien dentro de unas de las historias más sonadas de México. ¿Cómo afrontaste esto al recibir el libreto? “Cuando leí el libreto completo por primera vez, sentí un ‘wow’ profundo. Inmediatamente supe que este iba a ser un reto delicado, porque la historia toca temas muy sensibles. Empecé a investigar, a documentarme, y comprendí que no solo se trataba de interpretar a un personaje, sino de contar una historia con respeto, profesionalismo y tacto. Teníamos que lograr que el público entendiera el contexto sin sentirse juzgado o vulnerado, porque no se trata de un documental, sino de una ficción basada en hechos reales”, detalló.
Tu personaje tuvo vínculos con Daniel Arismendi, pero no es una réplica exacta de la historia real. ¿Cómo trabajaste esta construcción? “Mi enfoque fue inspirarme en la esencia del personaje, no retratarla literalmente. Para cualquier actor, el libreto es la materia prima, pero luego hay que construir la vida del personaje desde cómo se mueve, cómo habla, cómo siente. Me tomé tiempo para comprender quién era Eva Luna, sus motivaciones, sus emociones, sus miedos y su capacidad de amar. Trabajé para que ella existiera de manera auténtica, humana y multidimensional”, explicó.
Entonces, ¿cómo abordaste la construcción de Eva Luna desde lo emocional y psicológico? “Para mí, Eva Luna era una mujer que amó profundamente. Su lealtad y acompañamiento hacia Daniel, incluso en circunstancias cuestionables, eran actos de amor. Además, era astuta, consciente de su belleza y juventud, y sabía cómo influir en su entorno para proteger a su familia. Mi intención fue humanizarla, no juzgarla. Mostrar sus capas, sus emociones y su fortaleza, más allá de sus errores o decisiones moralmente difíciles.
Quise explorar también la complejidad de sus emociones, pues es una mujer que se enamora, que lucha por lo que quiere y que actúa según sus convicciones y afectos. Mi reto fue crear un personaje que fuera creíble, que el público pudiera empatizar, aunque no compartiera sus acciones”, destacó.
Humanizar un personaje que podría ser juzgado desde fuera suena extremadamente difícil. “Sí, definitivamente. Como actriz, nunca juzgo al personaje, porque eso limita la interpretación. Debo entender sus motivaciones, su psicología, su historia. Con el apoyo del director, el vestuario, el maquillaje y el equipo, fui construyendo a Eva Luna hasta sentir que podía habitar su mundo de manera auténtica, respetuosa y emocionalmente verdadera, afirmó.
Esta serie tiene un elenco consolidado y reconocido. ¿Cómo fue compartir escenas con ellos, especialmente Damián? “Fue un honor absoluto. Con Damián trabajé muy de cerca, porque interpretamos a una pareja. Teníamos química, confianza y una comunicación constante que se construyó desde los ensayos con nuestro director. Además, ya lo conocía de un proyecto anterior, y eso hizo que el trabajo en el set fuera más natural. Aprendí muchísimo de él y de todo el elenco, porque son actores con los que se puede dialogar, intercambiar ideas y crecer profesionalmente en cada escena”, recordó.
¿Cómo percibes tu crecimiento dentro de tu carrera al participar en un proyecto de este nivel? “Mi carrera ha sido un proceso largo y sólido, con 16 años de trabajo en tres países diferentes. Nunca fue algo instantáneo; la fama o el reconocimiento no llegaron de golpe. Cada proyecto ha sido un escalón, un paso hacia la consolidación, con disciplina, paciencia y pasión. Esto me permite hoy disfrutar de trabajar con grandes maestros y sentir que todo lo vivido ha valido la pena.
Estar en este punto me llena de orgullo y también de humildad, porque siempre hay algo que aprender. Las interacciones con otros profesionales me enseñan a perfeccionarme, a reflexionar sobre mi trabajo y a mantenerme en constante evolución, agradeciendo cada oportunidad y cada desafío que me toca vivir”, puntualizo.
Quieres transmitir algo más allá de la pantalla. ¿Cuál es tu mensaje para la audiencia? “Deseo que me vean como ser humano y no solo como actriz. Que comprendan que si yo he logrado metas que parecían lejanas, todos podemos lograr lo que nos propongamos. Mi historia puede inspirar a quienes están comenzando y mostrar que la disciplina, la pasión y la consistencia son fundamentales para alcanzar cualquier objetivo”, añadió.
Hablando de trayectoria, ¿cómo construiste la paciencia durante estos 16 años de carrera artística? “Paso a paso, día a día. Soy terca y obsesiva con mi trabajo, pero siempre con convicción. La actuación se convirtió en un estilo de vida, como una religión. Aprendí a disfrutar los pequeños logros y a aceptar los ‘no’ como parte natural del proceso. No busco la fama instantánea, sino la solidez, la consistencia y la pasión en cada proyecto que elijo”, sostuvo.
¿Cómo te preparas para los grandes proyectos y momentos decisivos? “Siempre me estoy formando, ya sea, asistiendo a clases de inglés, canto, baile, invierto mucho en crecimiento personal, entrenamiento físico y mental. Ser actor no es solo actuar en set; es investigar, aprender, cuidar el cuerpo y la mente, ser una buena persona. Todo eso se refleja en la autenticidad del personaje que interpretamos”, aseguró.
La relación entre tu personaje y Daniel Arismendi es central. ¿Cómo construiste esa intimidad? “No me enfoqué en el impacto negativo que él causaba, sino en la vida de Eva Luna y su contexto. Trabajamos con Damián un background compartido que iba desde la infancia de ella hasta su crecimiento en un entorno complejo. Eva Luna ve a Daniel como su gran amor y, desde esa perspectiva, construimos una relación creíble, íntima y emocionalmente profunda”, indicó.
¿Fue difícil interpretar la normalización de la violencia dentro de la vida cotidiana del personaje? “Fue algo muy complejo porque yo como ser humano rechazo todo eso, pero como actriz tengo que integrarlo para que los personajes vivan a través de mí, pero que al mismo tiempo no vivan en mí. O sea, es una realidad que trata de humanizar lo inhumanizable. Sin embargo, cuando uno se encuentra en ese punto de la actuación, nos sumergimos dentro de la historia, pero sabemos que todo lo que hacemos es ficción y que lo hacemos desde el respeto”, aseveró.
¿Después de haber interpretado este personaje cambió tu percepción sobre cómo se construyen las relaciones afectivas en entornos de violencia extrema? “Sí, definitivamente. En contextos tan ajenos a nuestra realidad, primero siento una enorme gratitud por no haber vivido de primera mano ese tipo de violencia. Pero, al mismo tiempo, esta experiencia me permitió empatizar profundamente con mujeres que han sufrido situaciones extremas. Entender sus decisiones, sus afectos y la forma en que construyen sus relaciones en entornos tan hostiles me enseñó a mirar más allá del juicio superficial.
No somos quienes, para juzgar a personas que crecieron en circunstancias muy distintas y que han desarrollado su vida según esas realidades. Sin embargo, sí podemos ser agentes de transformación al contar estas historias con respeto y sensibilidad. Creo firmemente que conocer y visibilizar estas historias nos ayuda a reflexionar, a comprender y, en muchos sentidos, a sanar. Por eso defiendo con pasión proyectos como este, que no solo narran historias, sino que muestran partes profundas de México, de nuestra cultura y de dónde venimos”, reiteró.
Para cerrar, ¿qué parte de ti se renovó al interpretar a Eva Luna y qué aprendiste? “Eva Luna me empoderó como mujer. Me enseñó a ser segura, valiente, desparpajada y a expresar cada emoción de manera profesional. Aprendí a ser más empática con mujeres que viven realidades difíciles y a comprender que contar historias con respeto y autenticidad transforma”, concluyó.



































