Jóvenes asumen cargos tradicionales que fortalecen la identidad cultural
YUSETT YÁÑEZ/PORTAVOZ
La antigua tradición zoque de la bajada de las Vírgenes de Copoya volvió a sentirse viva este año en Tuxtla Gutiérrez, donde familias enteras participan en los preparativos para la Fiesta de la Virgen de la Candelaria, una de las celebraciones más importantes para esta comunidad indígena. Entre los encargados de mantener este legado destaca Hannia Jazmín, quien este ciclo fue nombrada segundo mayordomo, un cargo que implica responsabilidad, compromiso y profundo respeto por los rituales heredados.
La bajada de las imágenes marca el inicio de un recorrido ritual por distintas viviendas de Copoya, conocido como “las pedidas”, donde las familias reciben a la Virgen y participan en la organización de la fiesta. Para Hannia, este cargo simboliza un honor que asume con orgullo.
“Todos los cargos son importantes; hemos recibido el cargo de mayordomo, el cual es cuando bajan las vísperas para hacer un recorrido de las pedidas. En caso de que alguna familia no pueda recibirlo o haya alguna circunstancia, ya regresarían a mi casa”, explicó.
El cargo, que dura un año completo, representa una de las estructuras tradicionales más antiguas dentro de la organización comunitaria zoque. A diferencia de otras festividades, aquí cada familia involucrada aporta tiempo, trabajo y recursos, reforzando la cohesión social y la transmisión generacional de la cultura.
Hannia cuenta que su participación en estas prácticas no es reciente: “Desde muy chiquita, mi familia viene de tradición de mis abuelos, y desde chiquita mis papás me han llevado a conocer estas tradiciones. Te va llamando la atención, siempre y cuando tengas la intención de conocerlo: desde la gastronomía hasta la ritualidad que tenemos”.
Y es que la celebración de la Candelaria en Copoya no solo convoca a la fe, también reúne a la comunidad en torno a la comida tradicional zoque, un componente esencial para entender la fiesta. “Creo que algo que a todos nos gusta es la comida: cómo se hace, el nombre que tiene en zoque, el sabor y lo que representa para nosotros”, expresó con orgullo la joven mayordoma, resaltando la riqueza culinaria que acompaña cada ritual.
El recorrido con la Virgen implica acompañarla casa por casa, conocer las ofrendas, la música, los rezos y las costumbres propias de cada hogar participante. “Más que nada es un compromiso: vas a ir a los recorridos que tenga la Virgen, conocer qué ritual tienen y acompañarla en el recorrido”, añadió.
A pesar de los cambios sociales y el crecimiento urbano de Tuxtla Gutiérrez, Copoya conserva una identidad única basada en su herencia zoque. La bajada de las imágenes, la organización comunitaria y la mayordomía permiten que la tradición continúe viva, especialmente cuando nuevas generaciones, como Hannia, deciden involucrarse.
Con el inicio del ciclo ceremonial, las Vírgenes de Copoya ya están en camino, iniciando un nuevo año de fe, trabajo comunitario y orgullo cultural.




















































