Impulsada por la Generación Z y la necesidad económica, la venta de ropa usada se transforma en una tendencia
YUSETT YÁÑEZ/PORTAVOZ
Lo que hace una década se limitaba a los rincones de los mercados tradicionales o ventas de garaje discretas, hoy ha tomado las avenidas principales y los centros de convenciones de Tuxtla Gutiérrez. La moda de segunda mano, ahora rebautizada bajo términos como vintage o recommerce, ha experimentado un auge sin precedentes en la capital de Chiapas, consolidándose como una respuesta tanto a la crisis climática como a la inflación que golpea los bolsillos de las familias chiapanecas.
De acuerdo con datos de la Asociación de Empresarias Unidas de Chiapas, este modelo de economía circular ha permitido la integración de más de 400 micronegocios en la ciudad, los cuales reportan un incremento en su afluencia de clientes de hasta un 28 por ciento anual desde 2023.
La urgencia de este cambio de hábito no es solo económica. La industria textil es responsable del 10 por ciento de las emisiones globales de carbono y del 20 por ciento de las aguas residuales en el mundo. En una entidad con una biodiversidad tan rica como la chiapaneca, el impacto del fast fashion (moda rápida) es particularmente preocupante.
Se estima que para fabricar un solo par de jeans se requieren siete mil 500 litros de agua, una cantidad que un adulto promedio bebería en siete años. En contraste, la comercialización de ropa usada en los bazares locales de Tuxtla ha permitido, tan solo en el último año, el ahorro indirecto de millones de litros de agua y la reducción de desechos textiles que suelen tardar hasta 200 años en degradarse.
El perfil del consumidor en Tuxtla Gutiérrez ha cambiado. Si bien antes el mercado de segunda mano era buscado principalmente por estratos de bajos ingresos, hoy es la Generación Z (nacidos entre 1997 y 2012) la que lidera la tendencia.
“Ya no se trata solo de ahorrar, sino de identidad”, comentóMariana Araujo, organizadora de bazares locales. “Los jóvenes buscan piezas únicas que no encuentran en las grandes cadenas de los centros comerciales del lado poniente de la ciudad. Además, hay una conciencia real sobre el daño que Shein o Zara le hacen al planeta”.
El fenómeno ha escalado gracias a la hibridación. Muchos de los emprendimientos que hoy llenan los salones de eventos en Tuxtla comenzaron en aplicaciones como Instagram o grupos de Facebook locales. Según reportes de plataformas de recommerce en México, Chiapas se encuentra entre los estados del sureste con mayor crecimiento en la publicación de prendas usadas, con un aumento del 18 por ciento en transacciones digitales durante el último periodo fiscal.
Este ecosistema ha generado una red de apoyo entre mujeres tuxtlecas, quienes han encontrado en la curaduría de ropa usada un sustento para sus hogares. El “trueque” también ha regresado con fuerza, permitiendo que la moneda de cambio sea la misma prenda, fomentando una comunidad que prioriza la reutilización sobre el desecho.
A pesar del éxito, el sector enfrenta retos. La falta de una regulación formal para estos bazares itinerantes y la competencia con la ropa de paca importada ilegalmente son temas pendientes en la agenda municipal. Sin embargo, la tendencia parece irreversible. Con una proyección de crecimiento nacional que estima que para 2030 el mercado de segunda mano superará al de la moda rápida, Tuxtla Gutiérrez ya se posiciona como un referente regional en la adopción de estilos de vida sostenibles.
La próxima vez que un tuxtleco decida renovar su guardarropa, es muy probable que su primera opción no sea una vitrina iluminada, sino un perchero lleno de historias listas para ser reutilizadas.




















































