Su legado de violencia, corrupción y control territorial deja un desafío significativo para las autoridades
ARGENIS ESQUIPULAS/PORTAVOZ
El domingo 22 de febrero de 2026, el Ejército Mexicano abatió a Nemesio Rubén Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), uno de los grupos criminales más poderosos y violentos de México y con alcance internacional. Su muerte fue el resultado de un operativo de alto riesgo en el municipio de Tapalpa, Jalisco, coordinado por la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), la Guardia Nacional y apoyado por aeronaves de la Fuerza Aérea Mexicana.
Este operativo se consolidó tras meses de trabajo de inteligencia del Centro Nacional de Inteligencia y la Fiscalía General de la República, a través de la Fiscalía Especializada en Materia de Delincuencia Organizada (FEMDO). Durante la intervención, elementos militares fueron atacados por integrantes del CJNG, lo que derivó en un enfrentamiento armado con un saldo preliminar de siete presuntos criminales muertos, incluidos tres que fallecieron durante su traslado aéreo a la Ciudad de México, entre ellos Nemesio Oseguera. Además, se reportaron tres militares heridos y dos detenciones, así como el aseguramiento de armamento de alto poder, incluidos lanzacohetes y vehículos blindados.
El operativo, además de su relevancia nacional, tuvo repercusiones internacionales. Estados Unidos ofrecía una recompensa de 15 millones de dólares por información que permitiera su captura, por lo que la coordinación binacional fue fundamental, aunque se enfatizó que la acción fue ejecutada por fuerzas nacionales. La Secretaría de Relaciones Exteriores destacó la “valiente labor” de las Fuerzas Armadas y reafirmó la vigencia del Estado de derecho bajo la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.
NEMESIO OSEGUERA CERVANTES: DE LA POBREZA AL LIDERAZGO CRIMINAL
Nacido en 1966 en Naranjo de Chila, Aguililla, Michoacán, Nemesio Rubén Oseguera Cervantes creció en un entorno marcado por la pobreza y la presencia del narcotráfico. Desde niño trabajó en el cultivo de aguacates y pronto fue introducido al mundo de las drogas a través de la familia Valencia, influyente en la región de Tierra Caliente, que protegía y se lucraba de plantaciones de marihuana y heroína.
A los 12 años, según reportes históricos, ya supervisaba una plantación de marihuana, y a los 20 emigró a California, Estados Unidos, donde inició su actividad en el narcotráfico cruzando marihuana y otras drogas al país vecino. En 1992, Nemesio y su hermano Abraham fueron detenidos en San Francisco al intentar vender heroína a policías encubiertos.
Tras cumplir cuatro años de prisión en Texas, Oseguera fue deportado a México en 1997, donde trabajó brevemente como policía en Cabo Corrientes y Tomatlán, Jalisco, experiencia que le permitió comprender la vulnerabilidad del sistema y cómo corromperlo con dinero.
Posteriormente, se incorporó al Cártel del Milenio, bajo la tutela de Armando Valencia Cornelio, “El Maradona”, y más tarde con Ignacio Coronel Villarreal, “Nacho Coronel”, del Cártel de Sinaloa. Tras la muerte de Coronel y la captura de Óscar Orlando Nava Valencia, “El Lobo”, en 2010, la organización se dividió.
Oseguera lideró la facción conocida como “Los Torcidos”, que se consolidaría como el CJNG, agrupación que lo convirtió en uno de los capos más temidos y buscados del mundo.
El CJNG, bajo su liderazgo, se especializó en narcotráfico de cocaína, heroína, metanfetamina y, más recientemente, fentanilo hacia Estados Unidos. Se le atribuyen múltiples homicidios contra grupos rivales y agentes del orden, así como corrupción sistemática de fuerzas policiales, especialmente en Jalisco, donde llegó a tener a más de la mitad de la policía municipal bajo nómina del cártel. La Oficina de Control de Activos Extranjeros de Estados Unidos (OFAC) también documentó incursiones del CJNG en esquemas de fraude dirigidos a ciudadanos estadounidenses.
Su historial criminal incluye detenciones tanto en Estados Unidos como en México, destacando un arresto en Guadalajara en 2012 y el derribo de un helicóptero militar en 2015 durante un operativo para capturarlo, que dejó nueve soldados y policías muertos. Se reporta que padecía problemas renales que requerían diálisis constantes, lo que no le impidió mantener su hegemonía durante décadas.
LA REACCIÓN DEL CJNG Y LA VIOLENCIA DESATADA EN MÉXICO
Tras la confirmación de su muerte, la violencia estalló en varias entidades, principalmente en Jalisco. Sujetos armados realizaron narcobloqueos en carreteras, incendiaron vehículos y comercios, suspendieron temporalmente el transporte público y extendieron los bloqueos a estados como Guanajuato, Michoacán, Nayarit, Aguascalientes y Tamaulipas.
En Baja California, siete personas fueron detenidas en Mexicali y Tijuana en relación con los incidentes. La Embajada de Estados Unidos alertó a sus ciudadanos sobre bloqueos y actos violentos en diversas entidades, incluyendo Jalisco, Quintana Roo, Guerrero, Oaxaca, Nuevo León y Tamaulipas, recomendando refugio inmediato.
Los audios y videos históricos de “El Mencho” muestran la capacidad de intimidación directa sobre policías, como la advertencia de muerte a un oficial conocido como Delta 1, lo que refleja el modo de operación del CJNG bajo su liderazgo: violencia, intimidación y corrupción estructural.
CHIAPAS: REFUERZA SEGURIDAD
La muerte de “El Mencho” también tuvo repercusiones en Chiapas. El mismo domingo 22 de febrero, una tienda Oxxo en Tuxtla Gutiérrez fue incendiada por sujetos encapuchados, y minutos después se reportó la quema de un vehículo en el libramiento norte de la capital. La unidad presentaba placas de Tamaulipas y los agresores huyeron hacia la colonia Albania Alta.
Además, una combi de transporte público fue atacada e incendiada en la carretera Bochil–Jitotol, en un punto cercano a un retén militar, con el conductor desaparecido hasta el cierre de los reportes.
El gobernador de Chiapas, Eduardo Ramírez Aguilar, instruyó al Gabinete de Seguridad a redoblar la vigilancia en la frontera con Centroamérica y en carreteras colindantes con Tabasco, Veracruz y Oaxaca. La Secretaría de Seguridad del Pueblo (SSP), encabezada por Óscar Alberto Aparicio Avendaño, reforzó patrullajes preventivos y sobrevuelos de vigilancia, coordinándose con fuerzas federales y municipales.
La Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), Sección VII, también emitió un llamado a docentes y alumnos a priorizar su seguridad y resguardarse hasta que las condiciones de seguridad fueran óptimas, ante la espiral de violencia derivada de la muerte de “El Mencho”.
COORDINACIÓN INSTITUCIONAL Y SEGURIDAD NACIONAL
La reacción del Gobierno federal fue inmediata. La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo llamó a la calma, asegurando que la mayoría del territorio nacional operaba con normalidad. La Secretaría de Relaciones Exteriores destacó la labor de las Fuerzas Armadas, mientras que la Sedena ratificó su compromiso con la seguridad nacional y el combate al crimen organizado.
El operativo que culminó con la muerte de Oseguera Cervantes representa uno de los golpes más significativos contra el narcotráfico en años recientes y evidencia la capacidad del Estado mexicano para ejecutar operaciones de alto impacto, incluso ante la amenaza de represalias violentas en múltiples regiones del país.
La desaparición física de Nemesio “El Mencho” marca un hito en la lucha contra el narcotráfico. Sin embargo, su legado de violencia, corrupción y control territorial deja un desafío significativo para las autoridades. El CJNG continúa siendo una organización con presencia global y alta capacidad operativa, y los eventos recientes en Chiapas y otros estados evidencian que la eliminación de un líder no garantiza la pacificación inmediata.
La muerte de “El Mencho” es, sin duda, un golpe histórico al crimen organizado, pero la verdadera prueba para México será consolidar la seguridad y el Estado de derecho en regiones donde décadas de impunidad y violencia han arraigado estructuras criminales complejas. La coordinación interinstitucional y la vigilancia constante serán esenciales para prevenir nuevas oleadas de violencia y garantizar que la herencia de terror de Oseguera Cervantes no persista en la sociedad mexicana.




















































