Ante escasez de oportunidades y contrataciones condicionadas, centenares optan por cruzar fronteras para sostener a sus familias
IVÁN LÓPEZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
Aunque Arriaga ha sido un punto de tránsito ferroviario y comercial, hoy se ha convertido en un lugar de salida para su propia juventud, que ante la escasez de empleos formales opta por migrar a Estados Unidos o Canadá. La decisión no responde a aspiraciones económicas, sino a la percepción de que el mercado local funciona por recomendaciones y círculos cerrados que limitan el acceso a plazas públicas y privadas.
Mientras el Instituto Nacional de Estadística y Geografía reportó que en Chiapas más del 67 por ciento de la población ocupada trabaja en la informalidad, en municipios como Arriaga la precariedad se traduce en ingresos inestables y falta de seguridad social. Datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social indicaron que más del 60 por ciento de la población joven en la entidad enfrenta al menos una carencia social, condición que reduce su margen de movilidad económica.
Cuando se observa que el salario promedio mensual en la entidad ronda los seis mil pesos según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, frente a ingresos que en Estados Unidos pueden superar los dos mil dólares mensuales en empleos básicos, la brecha se convierte en un incentivo poderoso para migrar. El Banco de México informó que en 2024 la comarca recibió más de cuatro mil millones de dólares en remesas, cifra que confirmó que la migración se ha integrado a la economía familiar como estrategia de supervivencia.
Aunque muchos de quienes se marchan cuentan con formación en pedagogía, derecho o contaduría, la falta de plazas acordes a su perfil los empuja a emplearse en construcción, servicios o agricultura en el extranjero, ocupaciones que no corresponden a su preparación académica. Esta fuga de capital humano impacta en el desarrollo local, dado que la inversión pública en educación termina por beneficiar a otros mercados laborales.
Arriaga enfrenta el desafío de replantear su modelo económico para generar empleos formales y competitivos que retengan talento. Mientras no existan políticas de atracción de inversión y fortalecimiento productivo, la frontera norte seguirá siendo vista como la ruta más viable para quienes buscan estabilidad y oportunidades.











































