En planteles se reportó el mayor número de casos de acoso. Datos oficiales indicaron que las víctimas tiene entre 12 y 17 años
IVÁN LÓPEZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
Aunque la violencia escolar suele asociarse con conflictos aislados, los datos recientes advirtieron de un problema estructural que impacta con mayor fuerza a estudiantes de secundaria en Chiapas. La Red por los Derechos de la Infancia en México documentó que 28 por ciento de adolescentes de 12 a 17 años que asisten a la escuela reportaron haber sufrido acoso, una proporción que colocó a este grupo en condición de alta vulnerabilidad.
Mientras los reportes de percepción dieron cuenta del entorno cotidiano, los registros hospitalarios confirmaron consecuencias físicas de la violencia en planteles. De acuerdo con cifras de la Secretaría de Salud, en 2024 fueron atendidos mil 58 menores de entre uno y 17 años por agresiones ocurridas en escuelas del país, de los cuales 63.4 por ciento eran hombres y 36.5 por ciento mujeres; además, 66.2 por ciento tenía entre 12 y 17 años.
Si se observa el comportamiento por nivel educativo, autoridades estatales reconocieron que la secundaria concentró la mayor incidencia de casos, etapa que coincidió con cambios emocionales y sociales complejos. Datos de la Secretaría de Educación Pública indicaron que en México hay más de 6.5 millones de estudiantes inscritos en secundaria, universo en el que la prevención se vuelve prioritaria para evitar que la violencia escale.
Ante este panorama, la Secretaría de Educación en la comarca puso en marcha protocolos específicos para atender violencia sexual, verbal y física en educación básica, los cuales obligaron a canalizar cualquier señal de acoso a instancias superiores. Cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía señalaron que 32.8 por ciento de la población de 12 a 17 años en el país ha experimentado algún tipo de violencia en el entorno escolar, lo que reforzó la necesidad de seguimiento institucional.
Dado que especialistas en psicopedagogía advirtieron que la falta de habilidades socioemocionales y la escasa supervisión familiar influyen en la conducta de agresores y víctimas, el reto no se limitó al aula. Con más de 1.8 millones de niñas, niños y adolescentes en la región según proyecciones oficiales, la coordinación entre escuela y familia apareció como eje clave para contener un fenómeno que, lejos de ser eventual, exige políticas sostenidas y evaluación constante.











































