Sheila X. Gutiérrez Zenteno
Llegó marzo, el mes de la MUJER
Llegó marzo, ese mes en el que las instituciones colocan banderas y luces moradas para hacernos saber que nos consideran importantes. Pero los buenos deseos y las luces moradas son insuficientes; mientras la estructura social siga siendo la misma (esa que sigue esperando que tú laves los platos porque es lo que hacen las mujeres), saldremos a marchar cada 8 de marzo los próximos 500 años. Las redes sociales son un buen lugar para “medir” que se piensa de nosotras, y sobre todo de aquellas que eligieron no guardar silencio ante situaciones que deben ser señaladas como la violencia sistémica y patriarcal.
La semana del 8 de marzo es, hablando en términos de redes sociales, una de las más complejas para las compañeras que producen contenido feminista (sobre todo desde el feminismo radical, separatista o abolicionista) es una semana en que lidian con todo tipo de violencia, desde memes que ridiculizan a quienes marchan el 8 de marzo, hasta la misoginia y el machismo que enmarcan cantidad de comentarios; de los mensajes enviados por inbox o DM que te indican que necesitas ser violada por un verdadero hombre, para entender lo que significa ser una mujer de verdad, ni hablamos.
Recién en una red social topé una publicación en la que se leía la frase “Marzo con M de Mujer” que invitaba a realizar marchas separatistas. Una marcha separatista privilegia la seguridad de las mujeres que en ella participan, por lo que de entrada, no se permite el acceso de varones (aunque se identifiquen como prensa); la marcha se organiza en contingentes y regularmente el orden, es el siguiente:
Encabezan la marcha los familiares de víctimas, aquí se encuentran madres y familiares (sí, pueden ir los padres) de mujeres desaparecidas o víctimas de feminicidio. Le sigue el contingente de maternidades y familias en el que se ubican mujeres embarazadas, con infancias o que llevan coches de bebé. Hay un tercer grupo compuesto por mujeres con movilidad reducida. Le siguen las organizaciones feministas, activistas y defensoras y al final se ubican las mujeres que asisten de forma independiente. El bloque negro, dedicado a realizar protesta directa, se mueve durante todo el trayecto.
Quienes marchamos ─con una conciencia clara de porqué estamos ahí─ entendemos que el 8 de marzo es un acto político, no una fiesta; conmemoramos a aquellas que, a lo largo de la historia, dieron su vida por la libertad de otras, por sus derechos. La marcha del 8 de marzo es un acto que le permite a las mujeres organizadas apropiarse del espacio público, en un entorno seguro, para dar voz directa a sus exigencias, emanadas del feminismo (estemos conscientes o no de ello).
No llevamos carros alegóricos, en su lugar elegimos pancartas y cartulinas en las que compartimos con otras la violencia que hemos vivido, en las que anotamos el nombre de mujeres y niñas víctimas de feminicidio o desaparecidas que esperan justicia junto con sus familias; anotamos en las paredes los nombres de los violadores, abusadores, maltratadores, pedófilos o pederastas quienes continúan libres por las calles mientras cometen abusos porque el aparato de justicia del Estado decidió protegerles.
Mientras en la publicación de la que le hablé antes ─la de las marchas separatistas─ algunas compañeras compartían ideas al respecto, esta comenzó a llenarse de comentarios machistas, sexistas o de odio hacia las mujeres; decidí replicar algunos de esos comentarios, con todo y faltas de ortografía y redacción con el fin de que permitan alguna reflexión, porque mientras desde las instituciones se nos dice que hemos avanzado en la defensa de los derechos de mujeres y niñas, en el día a día, seguimos enfrentando la misma violencia estructural sin importar el lugar o el horario.
Leo a muchas de mis compañeras de lucha señalar que están mental y físicamente cansadas de lidiar con estos ambientes, porque a pesar de explicar cada año por qué existe un día en que se conmemora a la mujer (no hay que olvidar que el 8 de marzo nació como el Día Internacional de la Mujer Trabajadora), las razones por las que se marcha o el por qué existe el feminismo, la reacción social por parte de algunos sectores (entre ellos mujeres pick me, incels, los Men Going Their Own Way [MGTOW], los artistas del ligue y los antifeministas, es cada vez peor). Algunos de los comentarios dejados en la publicación (una de cientos) dicen cosas como estas:
“Se viene el olor a gorda sudada”.
“No femitonta TERF, las mujeres trans no piden entrar al baño de mujeres porque deseen ver tu vagina llena de hongos”.
“Recuerda amiguita, si eres feminista estas estudiando trabajando cuidando a tus hijos enseñandoles valores, dandoles amor, cuidando atendiendo y amando a tu pareja, luchando todos los dias para ser mejor, en cambio si andas gritando tonterias, destruyendo , golpeando hombres mujeres y niños en nombre de tu falso movimiento, no eres feminista, eres fminaz1”.
“Obvio que los hombres hasta siendo mujeres somos mejores”.
“Pinche feminismo impulsado por colectivos de lesbianas enojadas con el hombre porque ellas no pueden ser hombres, enfermas”.
“El feminismo en como un Cáncer, hay muchos tipos pero todos son malos”.
“Actualmente ser feminista es sinónimo de ser pendēja, eso ya es muy 2020”.
“Marzo con M de Marzo no de estupideces, y si en esas estamos sería con M de Masculino o de Macho.”
“la m tambien es de mierda, mujeres de mierda las fem1n4zis”.
“Marzo con M de Maldad de Mujer”.
“Mes del orco”.
Si usted querido lector o querida lectora no comprende porqué estas frases representan un problema, es porque hemos normalizado a tal grado el machismo y la misoginia, que permean nuestro lenguaje cotidiano sin problema alguno.
Muchas de las frases listadas usan un lenguaje misógino. Este se caracteriza por despreciar, inferiorizar o estereotipar a las mujeres, normalizando la desigualdad a través de expresiones denigrantes, burlas sexistas y la reducción de la mujer a roles tradicionales, pasivos o simples objetos. Hay comparaciones que tienden a ser despectivas como el comentario en el que se asocia de manera implícita a la vagina de una mujer con suciedad y la falta de cuidado. El odio al cuerpo femenino es evidente no solo en esa frase si no en varias de ellas.
Las mujeres sabemos que los hongos vaginales (candidiasis) son infecciones comunes provocadas por un desequilibrio en la flora vaginal, el cual puede producirse por antibióticos, ropa ajustada, cambios hormonales derivado del embarazo, uso de píldoras anticonceptivas o el ciclo menstrual; incluso la diabetes o el estrés lo provocan. Aun el exceso de higiene o productos agresivos pueden empeorar el problema al alterar la protección natural. Pero un hombre difícilmente comprenderá lo que implica vivir candidiasis porque jamás podrá tener una vagina.
MARZO CON M DE MUJER
Marzo es un mes que nos brinda la oportunidad para colocar en la discusión pública situaciones que las mujeres vivimos cotidianamente por el hecho de ser mujeres. Somos el 50 por ciento de la población mundial y aún así, vivimos violencia todos los días en todos los espacios.
Nos tocan las nalgas en el transporte público, nos acusan de putas si ejercemos nuestra libertad sexual, si alguna mujer denuncia violencia, es juzgada socialmente, y si una de nosotras es víctima de feminicidio, no faltará que alguien culpe a la víctima. De quienes optan por no ser madres o abortar ya ni le digo, el rechazo y el juicio social son más violentos.
Así que mientras por un lado nos celebran por ser mujeres (el 8 de marzo es una fecha conmemorativa, no una fiesta) con luces moradas, flores o chocolates, por el otro, la palabra MUJER (entiéndase como mujer a la hembra humana) que encierra toda una historia de discriminación, opresión sexual, violencia estructural y sistemática tan antigua como la humanidad misma, parece diluirse cada vez más en los espacios institucionales.
El número de encuestas en el que la categoría MUJER ha sido sustituida por el concepto FEMENINO es cada vez mayor. Sistemáticamente se ha ido eliminando en lo institucional la categoría jurídica sexo y se le ha sustituido con lo que hoy denominan “identidad de género”.
Una realidad es que un hombre nunca podrá gestar, difícilmente comprenderá lo que implica el ciclo menstrual, un hombre podrá ser empático, pero no podrá comprender lo que implica vivir un procedimiento de Interrupción que abarca dimensiones físicas, psicológicas y espirituales que varían significativamente entre las mujeres, derivado de factores sociales, económicos y personales. Femenino no es sinónimo de mujer, aunque existan grupos que pretenden hacernos creer que así es.
Las discusiones en el ámbito legal sobre este tema han tomado dos rumbos. Por un lado están los grupos que sostienen que se vive una “evolución” de la categoría sexo, hablan de identidad de género y autodeterminación, el sexo ya no es indispensable; aunque hay legislaciones que acertadamente distinguen entre el sexo (con el cual se nace, no se asigna como ahora también pretenden hacernos creer) y la identidad de género auto determinada.
Si desaparece la categoría sexo, el feminismo enfrentará un panorama complejo ya que le será complejo visibilizar las estructuras de opresión y combatir la violencia que viven las mujeres. El feminismo sostiene que la violencia contra las mujeres nace de la opresión sexual, negar el sexo biológico es negar que al nacer hembras, enfrentamos una estructura que reprime y controla a mujeres y niñas mediante la violencia, tabúes, usos y costumbres y la coerción, con lo que se limita su desarrollo y libertad.
Pero hay quienes comprenden que el sexo como categoría jurídica es importante por lo que se debe diferenciar el sexo biológico del género. Las personas son libres de usar la palabra “género” como quieran (y de vestirse como quieran y autodeterminarse como quieran). Pero la ley no tiene por qué definir el género ni categorizar a las personas según estos roles socialmente construidos.
Para el feminismo radical y abolicionista, la identidad de género es entendida como una manera de perpetuar los roles y estereotipos de género que se ha buscado abolir los últimos 300 años. En el momento en que la palabra MUJER ha sido sustituida por la idea de lo femenino, hemos permitido que nuestros derechos jurídicos como mujeres se pongan en riesgo. El patriarcado encontró en la construcción de un neolenguaje, el discurso perfecto para borrar a las mujeres.
Hoy nos “educan” para aceptar ser llamadas “personas gestantes”, “personas menstruantes”, “personas con cáncer cervicouterino” o “mujeres cis”, pero no leo que en los medios de comunicación, la publicidad o algunos ensayos académicos los varones sean llamados “personas pene portantes” o “personas eyaculadoras de semen”, no se legisla para modificar lo que se entiende por hombre (macho humano).
En 1993 las mujeres fuimos reconocidas como personas humanas cuando en la Conferencia Mundial de Viena la comunidad internacional reconoció formalmente que los derechos de las mujeres son Derechos Humanos; hoy quieren borrarnos del discurso frente a una inclusión mal entendida. No guardaremos silencio.




















































