Fallas en bombas, tuberías y tanques mantienen limitado el servicio en gran parte de la localidad
CARLOS RUIZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
Cuando la red de distribución dejó de funcionar con normalidad tras el conflicto político que paralizó a la cabecera municipal de Altamirano durante más de un año, el acceso al agua se convirtió en una de las consecuencias más visibles de aquella crisis. En cientos de viviendas el líquido llega apenas algunos días al mes, un escenario que obliga a las familias a reorganizar su vida cotidiana.
En medio de temperaturas que se intensifican durante la temporada de calor, el desabasto adquirió una dimensión más compleja porque impacta en la salud y la economía doméstica. De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, en Chiapas el 87.9 por ciento de las viviendas cuenta con acceso a agua entubada, aunque esa cifra no garantiza continuidad en el suministro, una brecha que en municipios rurales suele ampliarse por infraestructura limitada y mantenimiento irregular.
Las autoridades del sistema local atribuyeron el problema a fallas acumuladas en bombas, tuberías y tanques de almacenamiento, componentes que requieren reparaciones que no siempre pueden realizarse con rapidez debido a la escasez de piezas en la región. En el plano nacional, la Comisión Nacional del Agua estimó que alrededor del 40 por ciento del agua distribuida en redes municipales se pierde por fugas o deterioro de infraestructura, una condición que agrava los periodos de escasez en localidades con sistemas frágiles.
Entre los habitantes persiste la percepción de que la crisis no es técnica, debido a que los daños en la red coincidieron con el periodo en que la Presidencia municipal permaneció tomada por ejidatarios que exigían cambios políticos en el Gobierno local. En ese contexto, el deterioro de la infraestructura se convirtió en una herencia que afecta a la población, pese a que el conflicto terminó y las autoridades actuales prometieron restablecer los servicios básicos.
La presión económica también se ha trasladado a los hogares, debido a que muchas familias deben comprar agua transportada en camiones cisterna para cubrir necesidades básicas. Según cifras del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, alrededor del 68 por ciento de la población chiapaneca vive en condiciones de pobreza, lo que vuelve pesado asumir gastos adicionales para obtener un recurso que, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, requiere entre 50 y 100 litros diarios por persona para cubrir necesidades esenciales.











































