May Rosas
Prevenir es mejor que lamentar en la nueva era
Que un gobernador mande a su gabinete a tomar clases no es noticia. Sucede periódicamente cuando se busca profesionalizar el servicio público, cursos sobre manejo de estrés, redacción de informes o hasta meditación para sobrellevar las críticas en redes sociales. Lo que realmente llama la atención es cuando el curso no es sobre cómo aparentar ser honesto, sino sobre cómo serlo de verdad. Y más aún cuando el jefe del ejecutivo estatal no manda a sus colaboradores a una conferencia aburrida con café tibio y galletas de paquete, sino a un seminario-taller de nombre kilométrico: “Formación Política del Sentido Ético en la Nueva ERA”.
Parece el título de una tesis de filosofía, pero resultó ser un espacio de diálogo que reunió a servidoras y servidores públicos para repensar, desde la ética y la conciencia, lo que significa servir al pueblo. Hay que reconocerlo, el gobernador Eduardo Ramírez le está apostando a algo que en la política mexicana suele ser más escaso que las lluvias en Chiapas durante la canícula, la prevención. Porque en esto de la administración pública, como en las relaciones humanas, casi siempre actuamos después del escándalo. Llega el destape del acosador de oficina, el desvío de recursos, el funcionario que confundió el erario con su caja chica, y entonces vienen las disculpas públicas, los comunicados tardíos y los compromisos de “no volverá a ocurrir”. Pero para entonces el daño ya está hecho, la confianza ciudadana vuelve a quedar hecha trizas y el Gobierno termina bailando con la más fea.
Por eso llama la atención que Ramírez haya decidido atajar el toro desde el corral. Enviar al gabinete legal y ampliado a un curso intensivo de ética no es una ocurrencia ni un relleno en la agenda. Es, para usar una frase de nuestras abuelas, un verdadero “más vale prevenir que lamentar”. Porque en este punto del camino, el gobernador sabe que ya han existido casos de acosadores encubiertos en la estructura burocrática, y también de esos personajes que ven una licitación pública y les brillan los ojos como a niño en juguetería. Los tentadores del recurso público siempre han estado ahí, al acecho, con su cantito de “es que así se ha hecho siempre” o “nadie se va a dar cuenta”.
El seminario, que tuvo como sede el Instituto de Administración Pública (IAP Chiapas), como espacio que busca honrar la transformación desde la reflexión, no fue un mero trámite para llenar currículos ni para tomarse la foto del deber cumplido. Según los reportes, se compartieron ideas, experiencias y visiones que fortalecen la vocación de servir con responsabilidad y cercanía a la gente. Es decir, no fue una clase magistral donde un ponente con corbata de moño les dictó cátedra sobre Kant y el imperativo categórico, sino un espacio para que los propios funcionarios se miraran al espejo y se preguntaran: “¿Qué demonios estoy haciendo aquí y para quién trabajo?”.
Y es que el planteamiento del gobernador Ramírez es claro, un Gobierno que nunca se aparte del pueblo, con base en el humanismo y la justicia social. No es poca cosa en un país donde la clase política suele ver a la ciudadanía como un estorbo entre ella y el presupuesto. Que un gobernador impulse la construcción de un servicio público desde la ética no debería ser noticia, debería ser la norma. Pero como la norma en México ha sido el compadrazgo, el amiguismo y el ¿y yo qué gano?, pues resulta refrescante que alguien diga: “Alto ahí, vamos a repensar esto desde la conciencia”.
Hay que decir que no es fácil. Imagínese usted a más de un secretario o secretaria escuchando sobre la importancia de la honestidad, mientras afuera lo esperan los contratistas, los gestores, los “amigos depalacio” con sus propuestas de negocios redondos. Debe ser como poner a dieta a un foodie en un bufete mexicano. Pero justo de eso se trata, de crear una vacuna ética que los proteja contra los virus de la tentación y la impunidad. El gobernador sabe que los casos de acosadores y malos manejos no son fantasmas del pasado, sino riesgos latentes en cualquier administración. Por eso, más que esperar a que ocurra el escándalo para salir con el clásico “condenamos los hechos” y “no lo sabíamos”, decidió poner los candados desde adentro, con formación política con sentido ético.
Ojalá que este ejercicio no se quede en un bonito comunicado de prensa y en una fotografía grupal con semblantes serios. Ojalá que las reflexiones compartidas en esas jornadas se traduzcan en acciones concretas, en trámites más transparentes, en atención digna al ciudadano, y en que los funcionarios piensen dos veces antes de aceptar un apoyo disfrazado de cortesía. La transformación no se decreta, se construye, y se construye desde la reflexión, sí, pero también desde el compromiso público y la voluntad de no apartarse del pueblo. El gobernador Eduardo Ramírez ha dado el primer paso. Ahora toca que su gabinete demuestre que el curso no fue en vano. Que cuando la tentación toque la puerta, recuerden lo aprendido. Y si no, al menos que tengan presente el refrán: más vale prevenir que lamentar, porque los lamentos suelen ser costosos y, lo peor de todo, siempre llegan acompañados de flashazos y titulares escandalosos.
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