San Cristóbal de Las Casas se convirtió en un centro de organización donde activistas y centros de investigación promovieron la igualdad
CARLOS RUIZ/PORTAVOZ
Debido a que las primeras discusiones sobre igualdad de género en Chiapas surgieron dentro de procesos sociales vinculados a la defensa del territorio y la organización indígena, el movimiento feminista en la entidad comenzó a consolidarse hacia finales de los años 80 a partir del trabajo de organizaciones civiles y académicas. En un estado que supera los 5.5 millones de habitantes, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), esas primeras iniciativas intentaron explicar cómo la desigualdad de género se entrelazaba con las brechas sociales y culturales presentes en amplias regiones rurales.
A medida que estas reflexiones tomaron forma, San Cristóbal de Las Casas se convirtió en un punto de encuentro para investigadoras, activistas y mujeres indígenas organizadas que buscaban transformar las condiciones de vida en sus comunidades. Dentro de ese contexto surgió el Centro de Investigación y Acción de la Mujer Latinoamericana, impulsado por la antropóloga Mercedes Olivera Bustamante, espacio académico y social que contribuyó a articular investigación, formación y acompañamiento a mujeres que enfrentaban violencia o discriminación.
En la comarca viven más de 1.5 millones de personas hablantes de lenguas indígenas, según datos del Inegi, realidad demográfica que explica por qué muchas de estas iniciativas orientaron su trabajo hacia contextos comunitarios donde la desigualdad de género se combinaba con barreras culturales y lingüísticas.
Cuando el levantamiento de 1994 impulsado por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional colocó a la región en el centro de la discusión política nacional, las mujeres zapatistas lograron posicionar varias de las demandas que el movimiento feminista local ya venía discutiendo. La llamada Ley Revolucionaria de Mujeres incorporó derechos vinculados con la participación política, la educación y la libertad personal en comunidades donde las brechas sociales seguían siendo profundas.
A lo largo de las últimas décadas, las agendas feministas en el territorio han continuado desarrollándose dentro de un contexto social complejo. Datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social indicaron que más del 67 por ciento de la población chiapaneca vive en condiciones de pobreza, mientras que las mujeres representan cerca del 51 por ciento de la población estatal, factores que ayudan a entender por qué el feminismo en la entidad mantiene una relación estrecha con las luchas indígenas y comunitarias.











































